¡Dejemos huella en cada pequeño corazón! :)

jueves, 30 de abril de 2015

#. De la magia sólo sé que es algo nuestro.

Me estás malacostumbrando. Has conseguido que dejarse llevar por la alegría sea lo más fácil del mundo, lo que siempre evité para que la caída fuera menor cuando todo dejara de ir bien. No es sólo que haya encorsetado mi felicidad a tu presencia, es que ahora también mi tranquilidad, mi seguridad, mi confianza en mí misma dependen del número de veces que me has abrazado hoy, de la cantidad de palabras que me has susurrado al oído. Me estás malacostumbrando a eso de sonreír a todas horas como una tonta, y me he dado cuenta de que no querría dejar de hacerlo nunca. Que yo soy la que te entiende, la que te conoce casi a la perfección, la que ha aceptado tus pequeños defectos por considerar tus virtudes lo más especial que he visto nunca reunido en una sola persona. Que a veces siento que te quiero tanto, que pienso que jamás nadie ha querido a nadie como yo a ti. Que cuando estoy a tu lado soy como un satélite, que todas mis terminaciones nerviosas están más pendientes de tus latidos que de preocuparse de si sigo respirando. Que por mucho que lo oculte, por mucho que lo niegue, tú eres la más perfecta mala costumbre.

viernes, 3 de abril de 2015

#. Sé que eres tú porque ya no quiero conocer a nadie más. A nadie.

Espero que duremos. Espero que lo hagamos. Pero si no lo hacemos, así es como quiero que me recuerdes:
Quiero que me recuerdes acurrucándome, escuchando los latidos de tu corazón y trazando mapas a través de tu piel. Recuérdame riéndome de tus chistes, incluso de los malos. Recuérdame histérica por absolutamente ninguna razón y llorando porque una vez me hiciste tanto daño que ninguno de los dos pensamos que me recuperaría. Recuérdame valiente, aquella vez que cogiste mi mano y yo pensé que iba a morir; recuérdame asustada y amable y delicada y frágil - sólo para ti, y sin embargo, sólo por ti.
Recuérdame feliz, y haciendo todas las cosas ridículas con las que intentaba llamar tu atención. Recuerda la manera demasiado torpe que yo tenía para hablar contigo y la absoluta locura que nos condujo hasta formar un nosotros. Recuerda todas las primeras veces y que fueron tan deliciosas que volvimos a tener segundas y terceras y cuartas. Recuerda las canciones que no podía dejar de escuchar y los sueños infantiles que tenías sobre nuestro futuro. Si te sirve de consuelo me permití tenerlos también.
Se trata de que no quiero que recuerdes el final.
Recuerda el principio. Recuerda la primera vez que lo supiste.