¡Dejemos huella en cada pequeño corazón! :)

viernes, 30 de noviembre de 2012

#. Quería que supieras que darse por vencido es demasiado fácil para alguien como tú.

Búscame cuando notes que me echas de menos, cuando te mueras de ganas de tenerme. Búscame cuando no tengas a nadie que te diga que te quiere. Búscame cuando eches en falta las risas, las caricias que erizan la piel, las conversaciones sin rumbo, los abrazos en los malos momentos y las locuras. Búscame cuando necesites a alguien que te sorprenda, cuando te des cuenta de que nadie tiene esos detalles. Búscame cuando necesites que te digan lo especial que eres, o lo bonita que es tu sonrisa. Búscame cuando mires el móvil esperando una llamada que ya no llega, cuando salgas y sin darte cuenta me busques entre la gente, cuando inesperadamente alguien te toque la espalda y al girarte esperas que sea yo. Búscame cuando necesites cerillas para encender lo que se ha apagado, cuando mis ojos ya no te pidan guerra, cuando las discusiones sean aburridas y los días rutinarios. Búscame cuando las canciones carezcan de significado. Búscame cuando recuerdes los buenos momentos y te arrepientas.

sábado, 17 de noviembre de 2012

#. No importa cuánto lo intente, jamás seré capaz de mirarte y no sentir nada.

No te hace falta tener oídos, ni ojos, ni boca, ni manos, ni mente para creer una mentira. Sólo hace falta querer al mentiroso. Lo que veas, oigas, y te digan te da exactamente igual. Porque el corazón es el único órgano que actúa independientemente al resto, sólo se obedece a sí mismo. Y aunque se equivoque, siempre sigue latiendo...

#. Te quiero. Ni mucho ni poco, sino como yo sé.

Ella es razón, él es corazón. Él es blanco, ella es negro. Él es música que amansa a las fieras, ella rock que te  martillea los oídos. Ella es la humorista, él es un chiste malo inesperado. Ella es argumentos sólidos, él es una reacción poco común. Ella es ensalada, él es comida basura. Ella duerme, él sueña. Ella es aire acondicionado, él es brisa. Ella es viernes por la noche, él es domingo perezoso. Ella es saludo cordial cuando llega, él es achuchón al despedirse. Ella es paraguas, él lluvia. Ella respira, él suspira. Ella es chocolate, él es tabaco. Él es mapa, ella territorio desconocido. Ella es explicación lógica, él es una sinrazón. Ella es física, química y matemáticas, él es arte, poesía y escultura. Ella es sonrisa ladeada, él carcajada espontánea. Ella es mensaje electrónico, él canción escrita en un cuaderno. Ella es futuro, él es hoy y ahora. Ella es quien debería ser, él es quien sueña ser. Él es él. Ella es ella. Él no puede vivir sin ella. Ella no puede vivir sin él. Son el norte y el sur, el polo positivo y el negativo. Ya se sabe que quien te quiere no te cambia, te complementa. Ellos se necesitan, se atraen.

domingo, 11 de noviembre de 2012

#. En esta vida, si te aclimatas, te aclimueres.

Una sensación que te abrasa por dentro. Gritando desde ese pequeño rincón que desea salir, algo tan gigantesco escondido en un cuerpo tan minúsculo en su comparación. No hablo más que del alma de cada uno; alma, persona, esencia, espíritu, sentimiento, entrañas, corazón. Yo no era nadie, mi cuerpo se moría día a día y no me quedaba más que orgullo para poder salvarme de aquello. No sé si era la música la que me cantaba o era la misma vida la que lo estaba haciendo. Había tocado fondo, pero esta vez era diferente. Si lo había hecho no era más que para coger impulso.

viernes, 9 de noviembre de 2012

#. Yo sí cumpliré lo que dije: estaré siempre ahí, incluso cuando ya no me necesites.

¿Cuántas veces extrañamos a alguien? ¿Y cuánto? ¿A caso existen suficientes metros cúbicos para medir todo eso? Hace tiempo alguien me enseñó que en la vida es inevitable perder a gente a la que queremos, se trata de un ciclo: gente que se va para dar paso a otra nueva. Ése alguien también mencionó que echar de menos a alguien no es fácil, y las personas, necesitamos diferentes fases, situaciones, para poder mirar hacia adelante y asimilar que esa persona no está y puede que no vuelva.
Negación. Tal y como indica la palabra esta es la fase en la que negamos que esa persona no está, la buscamos en cada rincón, en cada sitio donde solía estar, seguimos sus pasos, buscamos su voz, su sonrisa. Y cuando asimilamos que esa persona no está a nuestro lado, que tal vez se ha ido por un tiempo o tal vez para siempre, es cuando nuestra mente deja la negación a un lado para dar paso a la ira. La ira es el punto en el que te preguntas '¿por qué? ¿Por qué él y no yo? ¿Por qué yo y no él?'. Y asimilamos que ya no está, pero no queremos aceptarlo. Preferimos estar enfadados con el mundo y gritarle a quien sea en busca de una respuesta. Y puede que solo sean unas horas o puede que sean años, porque cada persona necesita su tiempo para decir adiós. Y tras todo esto, llega la fase de la depresión, la fase de aislamiento y soledad en el que tu corazón se da cuenta de que por mucho que lo busques, esa persona, está dentro de ti, muy dentro y te duele quererle. Pero es que a veces sucede que las cosas se acaban. Y ahí nos damos cuenta de todo aquello que no hemos podido hacer junto a esa persona, y comienza la siguiente fase: la negociación. Aquí es cuando decides repartir entre los demás un poquito de esa persona y el resto te lo guardas para ti, y piensas en lo que le hubiese gustado hacer, todos sus sueños, todas sus metas. Y te das cuenta de que cada cosa que haces la vives también por él. Lo más curioso de esta fase es que tal vez al final de tus días, lleves más de veinte vidas por las que vivir. Y ahora sí. Llega la fase con la que todo se termina: la aceptación. Aquí es cuando, libremente y sin ninguna atadura, puedes decir: 'Te extraño. Así. A voz bajita, y a latidos altos'. Ahora es cuando esa persona está contigo, cuando realmente te sientes feliz al recordarlo.

#. Si fue feliz quien os tuvo en la tierra, ¿quién no ha de serlo teniéndoos allá en el cielo?

No estoy sola cada día cuando despierto, vosotros estáis ahí, os miro y me sonreís. Si yo estoy débil o agobiada, vosotros estáis detrás de mí, os miro y me sonreís. Cuando tengo un mal día corro a casa y llorando entro en el salón, vosotros estáis dentro, os miro y me sonreís. Otras veces antes de dormir os cuento cosas, os digo lo mucho que os quiero y vosotros no habláis, únicamente os miro y me sonreís.
Yo haga lo que haga, siempre que os miro me sonreís, por eso me gusta miraos. Hay días que me paso un montón de tiempo mirando vuestra sonrisa para ver si se borra, pero nunca lo hace.
Cuando más lo necesito, intento tocar vuestro rostro, y cada vez que lo hago una fina lágrima cae y ensucia el cristal del marco, entonces cojo vuestra foto, la dejo la mesita del salón y me voy, porque sé que así cuando vuelva a entrar, vosotros estaréis ahí, os miraré y me sonreiréis.