¡Dejemos huella en cada pequeño corazón! :)

lunes, 6 de febrero de 2017

#. Rendirse no siempre supone perder, quizá sea una victoria cuando la lucha es por quien no lo merece.

Sabías lo que estabas haciendo y sabías que me haría daño, pero de alguna manera eso no te paró. Hay personas a las que se las conoce mejor desde fuera que desde dentro, por eso cuando te enamoras de ellas las desconoces. Y yo le sabía desde fuera, pero llegaron los sentimientos a ponerme esa venda preciosa sobre los ojos. Por suerte o por llamarlo de alguna manera, hay muchos ojos que ven lo que tú no.
No eres tú, soy yo, que me he dado cuenta.
Mi gran error fue pensar que era distinta. Que yo era yo, y eso era mucho. Que me quería más que a las anteriores, aún sabiendo cómo había sido con ellas. Cómo va a serle fiel a una mujer en esta vida o en cualquier otra si no es capaz de ser fiel a sus propias verdades. Si no tiene principios, pero sí muchísimos finales (y ninguno de frente). Porque es cobarde.
Qué ingenua. Me hizo prometer y prometió a quien más respeto le tenía que nuestros hijos tendrían mi sonrisa; que si niño y niña, que si su piel, que si la mía. Que si el perro o el zoológico entero por mí en nuestro hogar.
Viví engañada, porque él vive en su propia mentira y me parecía una realidad increíblemente bonita; me mantuve de respirar el dióxido que él soltó hasta envenenarme. Hasta hacerme más y más pequeña. Ya no quería fotos nuestras. Ya no me llevaba por bandera. Ya no presumía de mí, y supongo que por vergüenza. Porque tenía que agachar la cabeza antes esos ojos abiertos que veían cómo probaba otras bocas, y cómo cerraba la mía con poemas. Poemas que me dejaban con hambre y con sed, porque no se puede vivir de humo. Aunque supongo que en realidad dejó de quererme y nunca fue valiente. Quizá no lo hizo nunca. Yo qué sé.
Mentiras, mentiras y más mentiras. Qué bien mentía.
Benditas bocas que hablan. Benditas. Aunque ahora solo sean el eco que aún no llega a calarme los huesos, aunque solo sobreviví porque el fuego dentro de mí brillaba más que el de mi alrededor.

viernes, 13 de mayo de 2016

#. Nadie te destroza más de lo que permites.

A veces, en lugar de decir 'te quiero' dejamos que nos rompan, y esperamos que lo entiendan como una declaración de amor. Somos gilipollas. Después de intentar marcharme tantas veces, por fin encontré la manera de olvidarte. Había tratado de refugiarme en la idea de que tú no querías que me fuera, para llegar siempre a la misma absurda conclusión de que jamás me pediste que me quedara. Qué tonta. Así que he vaciado todas las cajas de recuerdos, he guardado todo su contenido en bolsas y las he atado bien con nudos. Puedes tirarlo todo, no lo quiero. 
Me he vestido de valentía, me he armado de paciencia, me he descalzado de temores y he comenzado a bajar las escaleras. No te voy a decir cuántas veces he estado a punto de mirar atrás, ni cuántas otras he retrocedido sobre mis pasos, porque no es necesario que lo sepas. Si hay algo de lo que podría sentirme orgullosa es que he abandonado la casa por la puerta principal, nada de puertas traseras que se usan para huir y más tarde volver cuando nadie te ve. Nada de eso. Ya no. Y bueno, ojalá haya alguien esperándome ahí fuera frente al porche, con el que pienso emprender este viaje en el que te dejo atrás, para siempre. Te he dejado un mapa, yo no lo necesito; probablemente tú sigues sin encontrarte. Yo ya he decidido mi destino, y lo único que debes de saber es que tú no estás en él, lo demás poco importa. La vida era preciosa, qué bonita podría haber sido nuestra estancia en ella si no hubieras decidido mandarlo todo a la mierda. 
A pesar de todo -que nuestra historia fue eso, una mierda, digo-, no me arrepiento de nada; has sido tantas cosas que no podías dejar de ser de un día para otro, y eso es lo que más siento, el tiempo que he perdido. Espero que leas esto y que al menos, aunque sea durante una décima de segundo, te estalle el corazón en mil pedazos. Entiéndeme, no quiero verte sufrir -o sí, un poquito- pero estaría bien saber que por un momento has sentido lo que yo en nuestros últimos meses.
Acabo ya, llego tarde a mi futuro. Sé que no me olvidarás, así que no voy a pedírtelo.

jueves, 21 de abril de 2016

#. Y fue cuando conseguí deshacer el nudo en mi tripa cuando se fueron también las mariposas y todo lo que no me dejaba tragar.

He dejado de culparme: me he dado cuenta de que aquellos que me hacían sentir demasiado eran, simplemente, insuficientes.
No he podido evitar pensar en todas las cosas que te has perdido desde que te fuiste. En todo lo que (nos) hemos perdido. Así que he decidido ponerte al día de las cosas más importantes:
Desde que no estás, muchas situaciones me han recordado a ti y tu forma de ser, y ninguna ha sido buena. He viajado a todos esos lugares que algún día serían testigo de lo que me querías, y he descubierto que pueden ser maravillosos también sin ti. He reído a carcajadas sin ser tú el motivo y te juro que he sido feliz. Desde que te fuiste he descubierto el aroma de otras pieles y el verdadero significado de la palabra volar. He querido. Mucho. Y de verdad. (Ojalá entiendas eso).
Desde que no estás, he bebido para olvidar que no olvido que no puedo olvidarte. Y me he dado cuenta de que las penas no se ahogan en la barra de un bar. De que en el bar hay amigos, música y mil razones para querer vivir más. He soñado mucho y a lo grande y no he vuelto a tener pesadillas que me ahogaban al despertar. Desde que te fuiste he cantado canciones hasta quedarme sin voz (y sin razón) y la he recuperado solo para seguir cantando. He conocido a gente que merece la pena y he descubierto que tú nunca la mereciste. Desde que no estás tengo demasiados latidos para tan poco pecho, aunque el tiempo me haya hecho el corazón más grande que la pena. Y me he dado cuenta de que no necesito nada de ti, y que no volveré a hacerlo nunca. Desde que te fuiste me sobran las formas, las excusas y las palabras. Me sobra el pasado, el silencio y la tristeza. Me sobra la ciudad y los enamorados que hay sobre ella. Me sobran las mentiras y las noches que duran días, me sobra esta bendita paz y esta ausencia de ruidos. Con la de sonidos bonitos que me quedan por escuchar. Amor, desde que no estás lo único que me falta es llorar. Y no lo echo de menos.

sábado, 20 de febrero de 2016

#. Y recordarte que antes de rendirnos, fuimos eternos.

Qué será de nosotros cuando nos hayamos olvidado. Cuando ya no quede ni un ápice de recuerdo. Cuando la delgada línea que separa la dependencia de la indiferencia, sea tan gruesa que ya no tengamos fuerzas para poder cruzarla. Cuando el aire ya no nos obligue a darnos cuenta de que nos perdimos en algún momento de ese destino que hemos dado por muerto. 
Qué será de nosotros cuando la distancia entre nuestra existencia sea más extensa que la distancia entre ambos polos. Cuando ya no queden razones para hacernos los sordos cuando oímos hablar del otro. Cuando las madrugadas ya estén acostumbradas a la ausencia de nuestro intercambio de palabras. Cuando las ganas que agotamos ya se hayan cansado y decidido no esperarnos más.
 Qué será de nosotros cuando las pisadas que hemos dejado desaparezcan sin dejar rastro, abandonando el camino que recorrimos hasta darnos por vencidos. Cuando las caricias de otras manos consigan calentarnos como nosotros hicimos una vez con las nuestras. Cuando el miedo a amar de nuevo huya de tanto frío y la necesidad de llenar vacíos alce el vuelo. Cuando ya no nos giremos al creer habernos visto por cualquier calle al azar, aun siendo conscientes de la imposibilidad de ese encuentro. 
Qué será de nosotros cuando las canciones dejen de hacernos recordarnos. Al igual que los paisajes. Al igual que los viajes. Al igual que los planes. Al igual que las calles. Al igual que cualquier vulgar historia de amor con final triste. Qué será entonces de nosotros. 
Qué será de nosotros cuando ya no me queden palabras para describirte, para escribirte, para decirte, para renombrarte, para perdonarte, para regresarte. Cuando ya no sienta la exigencia de evocarte mediante tinta con impaciencia. Cuando faltes en mi conciencia, cuando no emerjas de mi inconsciencia. 
Qué será de nosotros cuando ya no quede ni una sola manera de hacer mella en la vida del otro. 
Qué será de nosotros. 
Y qué será de mí.

viernes, 15 de enero de 2016

#. Cuánto ha latido el orgullo en lugar del corazón.

Yo te perdí. Tú me perdiste. Nosotros nos perdimos. Y ya no hay vuelta atrás. Ya no tendremos más batallas campales, ya no existirá esa chispa entre nuestras peleas, cuando ambos sabíamos que solo seguíamos discutiendo por el placer de retarnos. Ya no habrá más manos tuyas en mi pelo, no volveré a levantarte el ánimo y la cara cuando todo vaya mal. Ya no me contarás esas historias que no le interesaban a nadie más que a mí, no tendrás esa necesidad de hablarme cada veinte minutos únicamente porque te aburrías. Nunca, nunca, nunca más (y te prometo que me mata) volveré a provocar una de esas sonrisas de los viernes a última hora, no seré la primera a la que le cuentas las cosas. Me sustituirás, aunque tal vez ya lo hayas hecho. No veré más tu letra escrita por mi piel ni por mis hojas, ya no sonreiré al sentir tu olor. No volveré a acariciarte el pelo durante horas como solía, no archivaré más recuerdos en este corazón destemplado. Supongo que con el tiempo olvidaré la posición estratégica de tus lunares, perderé la costumbre de caminar según la cadencia de tus pasos. Dejaré de recordar todas y cada una de tus frases, tus diferentes tonos de voz, tus puñeteros gestos y todas tus manías y hasta la posición de tus manos. Y lo más importante: no volverás a fallarme, porque yo ya no estaré ahí para verlo. No me harás sentir bajo tierra esos días que se te antoje ignorarme, ya no volveré a notar que, en realidad, lo que me preocupe a mí te trae sin cuidado. No caeré de nuevo en tu juego, no me utilizarás otra vez. No volveré a defenderte cuando la última persona haya dejado de creer en ti. No volverás a mentirme, no volverás a subestimarme, no harás que me sienta menos que ellas. No volveré a despeñarme en la montaña rusa de mi humor de perros solo porque tú me hables de lo maravillosa que es otra. No volverá a romperme el corazón ver la sonrisa en tus ojos si la nombras. Y es que dicen que lo prometido es deuda, y tú me debes tantas cosas... Me prometiste un para siempre, me prometiste ese hueco que tienes entre el pecho y el cuello donde me siento en casa. Me prometiste te quieros que ahora sé que no significan nada, me prometiste palabras que ahora son solo papel mojado, me prometiste un lo siento cuando te equivocaras que todavía estoy esperando. Me prometiste decir siempre la verdad, que ahora sé que solo eran palabras disfrazadas de verdades a medias. Me prometiste estabilidad pero cada día contigo mi vida daba un vuelco de 360º. Me prometiste tantas cosas que aún hoy sigo haciendo memoria. 
Supongo que la ingenua soy yo, por no saber desde el principio que todo esto no valía nada, que eran palabras dichas en el momento, y que ahora simplemente, me siguen haciendo daño.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

#. Eres la razón por la que no razono.

Te quiero prácticamente desde que te fuiste. 
Te quiero lo mismo el sábado por la noche, el domingo por la tarde y el  lunes por la mañana. Imagínate. 
Te quiero y sé que es así porque no me importa el daño de después. 
Te quiero tanto que lo negaría. 
Te quiero como si llevara haciéndolo toda la vida. 
Te quiero fuera de mi vista: tan cerca que no pueda ni enfocarte. 
Te quiero como si fueran a prohibirte mañana. 
Te quiero todo lo que no está escrito porque algún día lo escribiré. 
Te quiero por encima de toda esta pena. 
Te quiero por encima de todos los miedos.
Te quiero como si nunca me hubieran hecho daño. 
Te quiero tanto que te perdería. 
Te quiero porque conoces todo lo malo de mí y no te importa. 
Te quiero. No es lo que tú quieres, pero es para siempre.

martes, 1 de diciembre de 2015

#. Ya no sé si puedo o no puedo porque solo me quedan ganas de no intentarlo.

Esto es una carta para decir que me he ido: cada vez exporté más y cada vez me importaste menos.
Me estoy dejando la fuerza en llegar a ningún lado. He viajado demasiado como para no darme cuenta de que en todo lo que me rodea ya no queda suficiente espacio. Imaginad un maratón sin meta. Ahora hacedlo todo el rato. 
Me cansa estar triste y no me compensa, al menos uno de los dos cumplió la promesa. Son tantos los buenos recuerdos que he olvidado... A veces nos dejamos llevar por lo que parece que nunca va a pasar, pero pasa. Y una vez que aprendes a sonreír... ya no se olvida.
Se ha quedado una noche espantosa para hablar de la triste utopía de querer vivir para llegar a ser algo. Qué mala suerte, me dijeron. Supongo que suerte acabará muriendo como lo hacen todos los villanos. Sólo sé que el que nada también se ahoga, no puede estar nadando siempre. Decidme qué hago con todo esto que hago sin querer hacerlo, decidme algo. He perdido los propósitos porque no los he cuidado. Y los entiendo: yo también he huido de aquellos que me han olvidado. Yo, sin embargo, parece que no vaya a olvidarte nunca, ni que valieras la pena.
Quiero que sea no sé cuando, pero que sea; cualquier momento podría ser mejor que este.
Tengo un mapa apuntando a mi cabeza y pienso usarlo; tampoco sé cuando. No tengo paciencia, ni ganas de tenerla, ni interés en buscarla, ni motivos para encontrarla, ni tiempo para usarla. 
¿Alguien recuerda quién salvaba al héroe?

domingo, 11 de octubre de 2015

#. Lo rápido que ha cicatrizado tu herida solo indica lo pequeña que era.

Agazaparte bajo los cuadros de las sábanas, achicar el agua de las papeleras, quemar los semáforos en rojo y la radioactividad del azul. 
O como otros dicen, tener miedo.

Comprar todos los mecheros de la ciudad, solo para ver cómo se consumen mientras se te enquista la sonrisa en una madrugada de invierno. Abrir la ventana a la lluvia, para que se inunde ese cajón donde guardas los últimos retazos de su letra, los últimos pentagramas de su olor, los últimos recuerdos que te gritan que él, una vez, no te pidió no dormir. 
O, como otros piensan, echarle de menos.

No escribir un poema, porque un poema que se escribe y no se siente, no es poema sino precipicio (y tú, hace martes que no sientes nada). Agarrarte al colacao del desayuno, como si fuera el último bote salvavidas y tu cocina, el mar del Norte. 
O como otros temen, sobrevivir.

Y que te quede grande la vida y la muerte y hasta esos pantalones que él jamás dirigió con sus dientes. Y no saber qué hacer, claro. 
Es lo que por ahí llaman perderse.

domingo, 2 de agosto de 2015

#. Aquella noche debí haberte abrazado de por vida.

Puedes darte por jodida cuando las canciones más tristes cuentan tu historia y ahora mismo, las tengo todas sonando en mi cabeza y llevan tu nombre por título.
¿Te acuerdas de aquella noche en la que me dijiste "ya iba siendo hora de encontrarnos otra vez" ? Entonces, tus besos se parecían tanto al amor que le diste la vuelta a todos los relojes para que así se hiciera eterno.
Debo ser la chica más triste que esté ahora mismo asomada a una ventana. Y si sé que juego en desventaja es porque estoy jugando a no recordarte, y voy perdiendo por goleada.
Pero voy a esperarte aquí, como quien baila en el alféizar pretendiendo no caerse. Como quien sueña con esa magia que consiguen algunas personas tumbándose al lado del punto y final, para convertir la historia en eterna.
Voy a esperarte aquí, como quien no tiene nada que perder porque ya te ha perdido.

viernes, 19 de junio de 2015

#. Que a lo mejor no tenemos que llegar muy lejos en la vida, sino simplemente hacerlo a un lugar donde merezca la pena quedarse.

Cuando era pequeña solía leer muchos cuentos de hadas. En los cuentos de hadas siempre existe un príncipe azul y él es todo lo que siempre habías querido. En los cuentos de hadas el malo de la película es fácil de detectar. Siempre lleva una capa negra para que sepas quién es.
Después creces y te das cuenta de que el príncipe azul no es tan fácil de encontrar como pensabas. Te das cuenta de que el malo no lleva una capa negra y no es nada fácil de detectar: es divertido, te hace reír y tiene el pelo perfecto...
Esto hace que la gente deje de creer en el amor después de tantas decepciones. Pero hay que ser valiente.
Yo creo que ser valiente no es la ausencia de miedo. No es no estar nunca asustado. Para mí, ser valiente es tener miedos. Ser valiente es tener dudas. Montones de dudas. Para mí, ser valiente es vivir a pesar de todas las cosas que te asustan de la muerte. Ser valiente es enamorarse locamente de nuevo, a pesar de que te hayan herido antes. Ser valiente es caminar hacia tu primer día de instituto cuando tienes trece años y la sociedad lucha por empequeñecerte. Ser valiente es volver y luchar una y otra vez por lo que quieres, incluso cuando cada vez que lo intentaste antes, perdiste. Es de valientes tener fe en que algún día las cosas cambiarán. Ser valiente es tener el valor de decir adiós a alguien que solo te hace daño, incluso si no puedes respirar sin él. Creo que es de valientes enamorarte de tu mejor amigo, a pesar de que sabes que está enamorado de otra persona. Y cuando alguien te pide perdón constantemente por cosas que nunca dejará de hacer, pienso que es de valientes dejar de creer en él. Es de valientes decir NO LO SIENTES y alejarte. Creo firmemente que amar a una persona a pesar de lo que la gente piense es ser valiente. También creo que permitirte llorar en el suelo del baño cuando todo se desmorona para ti es ser valiente. Dejar ir es ser valiente. Por supuesto, seguir adelante y estar bien es de valientes también. Pero no importa cuánto te ponga a prueba el amor, tienes que creer en él. Tienes que creer en cuentos de hadas y en príncipes azules y en felicespara siempre. Es por esto por lo que escribo. Porque creo que amar es ser valiente.

jueves, 30 de abril de 2015

#. De la magia sólo sé que es algo nuestro.

Me estás malacostumbrando. Has conseguido que dejarse llevar por la alegría sea lo más fácil del mundo, lo que siempre evité para que la caída fuera menor cuando todo dejara de ir bien. No es sólo que haya encorsetado mi felicidad a tu presencia, es que ahora también mi tranquilidad, mi seguridad, mi confianza en mí misma dependen del número de veces que me has abrazado hoy, de la cantidad de palabras que me has susurrado al oído. Me estás malacostumbrando a eso de sonreír a todas horas como una tonta, y me he dado cuenta de que no querría dejar de hacerlo nunca. Que yo soy la que te entiende, la que te conoce casi a la perfección, la que ha aceptado tus pequeños defectos por considerar tus virtudes lo más especial que he visto nunca reunido en una sola persona. Que a veces siento que te quiero tanto, que pienso que jamás nadie ha querido a nadie como yo a ti. Que cuando estoy a tu lado soy como un satélite, que todas mis terminaciones nerviosas están más pendientes de tus latidos que de preocuparse de si sigo respirando. Que por mucho que lo oculte, por mucho que lo niegue, tú eres la más perfecta mala costumbre.

viernes, 3 de abril de 2015

#. Sé que eres tú porque ya no quiero conocer a nadie más. A nadie.

Espero que duremos. Espero que lo hagamos. Pero si no lo hacemos, así es como quiero que me recuerdes:
Quiero que me recuerdes acurrucándome, escuchando los latidos de tu corazón y trazando mapas a través de tu piel. Recuérdame riéndome de tus chistes, incluso de los malos. Recuérdame histérica por absolutamente ninguna razón y llorando porque una vez me hiciste tanto daño que ninguno de los dos pensamos que me recuperaría. Recuérdame valiente, aquella vez que cogiste mi mano y yo pensé que iba a morir; recuérdame asustada y amable y delicada y frágil - sólo para ti, y sin embargo, sólo por ti.
Recuérdame feliz, y haciendo todas las cosas ridículas con las que intentaba llamar tu atención. Recuerda la manera demasiado torpe que yo tenía para hablar contigo y la absoluta locura que nos condujo hasta formar un nosotros. Recuerda todas las primeras veces y que fueron tan deliciosas que volvimos a tener segundas y terceras y cuartas. Recuerda las canciones que no podía dejar de escuchar y los sueños infantiles que tenías sobre nuestro futuro. Si te sirve de consuelo me permití tenerlos también.
Se trata de que no quiero que recuerdes el final.
Recuerda el principio. Recuerda la primera vez que lo supiste.

miércoles, 25 de junio de 2014

#. Fue bonito mientras dolió.

Hoy es un día de esos... de los tristes. ¿Qué nos hemos hecho? Supongo que nunca podremos respondernos a eso. Yo le dije suspirando que el viento nunca podría con nosotros, y él, mientras tanto, pensaba en otros puertos. Tras esto, él me dijo que el viento nunca podría con nosotros, y yo, mientras tanto, estaba pensando en fugarme. Nuestro problema fue que nunca supimos ponernos de acuerdo, ahora tú, ahora yo, nunca supimos querernos al mismo tiempo, cuando uno luchaba el otro descansaba. Y así nos fue.
A veces, toda la vida no es suficiente.
Contábamos con enamorarnos, no con equivocarnos tanto. Tras todo esto, volví a verle, en el mismo lugar donde fuimos tan felices. Él me dijo que no lo olvidara y yo le dije que no se preocupara, ya lo había intentado. Y no se podía.

martes, 17 de junio de 2014

#. A los que juegan a perderte, déjales ganar.

Qué estarás haciendo ahora. A quién le darás los buenos días y a cuántas tus mejores noches. No estás, pero no te has ido y acabarás haciéndolo. Con quien sea. Con cualquier gilipollas que valdrá la alegría más que yo la pena. Alguna ilusa de esas que se creerá en la cima cada vez que te acaricie el pelo; que querrá dormir en tu ombligo como si su frente, acaso, encajase con tu cuerpo; que se bañará en tus piernas y se mojará en los lunares que nunca te conté y no por falta de tiempo, sino porque jamás pensé que éste nos faltaría.

domingo, 1 de junio de 2014

#. Me dabas razones para odiarte y para quererte, más todavía.

"Tendrías que matarme a besos,
y no a distancia".
Lo bonito es cuando tu ciudad es alguien. Mi problema es que no sé lo que quiero, y por el camino voy volviendo loca a la gente. (Y para una vez que lo sabía, te vas)
"Se busca cabrón, divertido y sin corazón". Y llegaste tú. Me siento como una yonki de las historias absurdas y las madrugadas. Me duele buscarte entre palabras, hablarle de ti a una triste red social, resignarme a provocarte sonrisas en la distancia, reconociendo que te echo de menos. Y saludarte y si acaso besarte una noche más. Y no poder dormir por tu culpa (y no por el motivo que me gustaría). Me duele la piel de no tocarte, y eso de no poder irme a donde estés (que ojalá fuera conmigo).

domingo, 25 de mayo de 2014

#. Las mejores cosas pasan. Y el recuerdo pesa.

De todo esto sólo quisiera que, de vez en cuando, no cada día, ni cada semana, ni tan siquiera cada año (ya ves qué poco pido) te acordaras de mí. Me vale con cualquier cosa: los créditos al final de una película de dibujos, una frase mal escrita, un paseo en bicicleta (ya ves que no es mucho), el nombre de tu primera hija (porque tendrás una hija, aunque ahora digas que no), que elegirá tu mujer y que sonará muy distinto al mío. Un tropiezo, un trozo de tarta; esa tarta que prometí que iba a aprender a hacer y al final... al final, nada. Me conformaría con que algún día (pronto antes que tarde), la herida, sellada, hiciera un bonito dibujo en la piel, la pena bailara con cualquier estribillo de canción cutre de verano, el llanto se ahogara en planes, viajes y notas al margen de libros releídos. Y quisiéramos. Y sintiéramos el hambre de volver a empezar desde cero, por el principio, sin red ni memoria, sin el temor de que nos vayan a dañar. Porque nos van a dañar, lo sabemos. Y accedo, entiendo incluso, que ocurra, pero que sean otros: desconocidos, ajenos, invisibles, sin nombre... pero no nosotros. Aceptaría, también, que nos encontráramos una tarde soleada por la calle y que nos viéramos a tantos metros de distancia que nos diera tiempo a pensar qué decir. Y que, después de un saludo rápido y torpe, de esos en los que los besos se dan al aire, nos quedáramos en silencio, nerviosos, sepultados en recuerdos íntimos.
-Esta es mi hija.
-Él es mi marido.
Y nos despidiéramos aún más brevemente sin habernos contado nada. Las mejillas ardiendo, las manos sudadas, la boca seca, el temple al filo. Y si cuando, al girar la esquina, ella, clavada a su madre, te preguntara: ¿quién era, papá? Desearía que te limitaras a sonreír, y sin darle (sin darme) importancia, contestaras: una amiga, una buena amiga, alguien que... y continuaras tu paseo, tal vez más deprisa, un poco más callado. Menos atento a la plaza, a los árboles, a los ancianos. Recordando una foto, una frase mal escrita, esa tarta que al final... nada, como nosotros.

domingo, 18 de mayo de 2014

#. Son las mentiras las que nos destruyen, las mentiras que creemos necesitar para sobrevivir.

Hoy me han arrancado un pedazo tan grande de mí, que incluso siento que existo menos que antes. Me he quedado tan vacía, que por más que alguien quisiera, a día de hoy no podría llenarme. Estoy llorando tanto que todo el mundo entero podría bañarse en mis ojos, es más, algunos hasta se ahogarían. Y sí, algunos lloran por la cara, otros por el corazón; yo para bien o para mal, pertenezco a estos últimos. No soy nadie para venir aquí y escribir en un sitio público lo triste que me siento en privado, pero a veces no me queda más remedio (aunque sí la enfermedad). No estoy acostumbrada a ver cómo alguien que quiero se va de mi lado, porque siempre he sido la cobarde que terminaba alejándose por miedo a que antes se fueran ellos. Nadie sabe cuánto daría por no tener que estar escribiendo esto, ni cuánto daría por contar que sigue a mi lado; en este caso, sé por desgracia absoluta que no va a volver. No sé si ahora se me viene el mundo encima, o soy yo que estoy muy debajo. Creo que uno nunca se acostumbra a echar de menos, simplemente se aprende a vivir haciéndolo, y por supuesto, eso no significa que duela menos. Ahora debería levantar la cabeza, pero esta vez tengo que agacharla y buscarme. Es lo que tiene que te dejen por los suelos. Y no, no estaré bien, mucho menos voy a prometerte que consiga estarlo. Bastante tenemos con tus mentiras, para contarte yo ahora a ti las mías.

domingo, 11 de mayo de 2014

#. He aprendido la lección; equivoquémonos de nuevo.

Le he perdido el miedo a decir lo que pienso, el miedo a decir lo que te quiero delante de gente extraña, pero en cuanto a ti, me da un miedo horrible, espantoso, una tragedia de pensar que si te perdiese, te volvería a buscar, esta vez de veras, con todo, como siempre lo he hecho, aunque me destroce en el intento. Porque morir, morir no puede ser peor que esto.

jueves, 1 de mayo de 2014

#. Olvidé tus palabras porque tus actos lo dijeron todo.

En fin.
Qué te voy a decir que no sepas ya. No se puede sostener un puente de un solo lado, y mira que me costó entenderlo. Un alma solitaria más otra no es compañía, es soledad al cuadrado. Final o feliz, sólo puedes escoger uno.
Me siento como ese libro que todos quieren leer pero nadie acaba.
Y ya lo decía Andrés: "Vas a estar bien, ya verás, como habrá otro más, y otro más, y otro más". Pero luego llega el desastre. Unos buenos días que nadie sabrá dar como él y muchos besos no sentidos.
Y te das cuenta de que ellos sólo son suplentes en el papel protagonista que interpretaban su lengua y sus manos. Un clavo clava a otro clavo. Hasta que un día de repente te hace sonreír otro. Y a la mierda con todo.
El fin de una historia es el principio de otra... pero no sé si eso me alegra o me aterra.

martes, 15 de abril de 2014

#. Que me da igual, pero que sea mentira. Que no te hable, pero que no te olvide. Que no. Que nada.

Seguramente cualquier día de estos cogeré un bolígrafo y una hoja en blanco y escribiré con caligrafía clarísima: Ya no te quiero, o incluso: Te he olvidado. Escribiré que ya no me dueles, escribiré que ya no te espero. No sé si servirá de algo, pero te diré que ya no recuerdo el color de tus ojos, el olor de tu cuello, las cosquillas por las noches, o los fuegos artificiales de mi corazón cuando te acercabas. Llenaré la hoja en blanco de felicidades, de vivo tranquila sin pensar en tus manos, de duermo cada día sin pensar en tu pecho, de respiro libremente sin pensar en tu voz. Escribiré que ya no busco tu cara en las calles cada vez que salgo de casa, en la cafetería ni en los libros de poesía; que no impregno de ti todos los pañuelos, que no te lloro sobre la almohada. Escribiré que ya no me faltas. Escribiré todo esto y estaré escribiendo mentiras; porque sólo te habré olvidado cuando coja un bolígrafo y una hoja en blanco y no seas a quien escriba.

martes, 8 de abril de 2014

#. Aunque tú sepas que yo estoy jodida y aunque yo ignore si tú has conseguido ser feliz.

Hace demasiados días que no escribo. Se me están acabando las maneras de decir que te echo de menos, y que te echo de menos es lo único que tengo que decir.
Hace tiempo que escribir y dormir son el mismo verbo, y que no puedo llegar a ninguno de los dos como antes de conocerte. Porque no puedo dormir si no sueño contigo, y no puedo escribir sino escribo que te echo de menos.
No sé si se me nota, pero cada vez menos a menudo encuentro una manera nueva de soñarte o de decirte que te echo de menos.
Y entonces puedo dormir y puedo escribir. Y puedo redimirme con descanso y miedo, de la tragedia de haberte conocido.
El dolor va por dentro menos cuando llueve, y algunas veces me parece que cuando llueve es cuando me hacéis más falta descanso, miedo y tú. Y que por eso sale la procesión y me mojo las mejillas, quizá porque estoy acostumbrada a que llegues con la lluvia.
Al final tengo que reconocer, que aunque te escribo a ti sólo escribo para mí. Y se me ocurre que quizá echarte de menos no sea más que echar de menos quién era yo antes de conocerte.

sábado, 15 de marzo de 2014

9/3/2014

Que hoy es mi día, dicen. Que sople fuerte, pero que antes cierre los ojos y pida un deseo (joder, como si eso fuera a cumplirte a ti). Como si no supieran que ya no me quedan a penas pestañas, ni tampoco aliento de tanto intentarlo, de tanto arrancármelas, de tanto tenerte como sueño principal.
Las velas encendidas, el corazón apagado.
Qué me van a contar a mí de luces, si nunca te han visto sonreír a oscuras, ni cómo me hacías brillar en plena madrugada (cualquiera nos hubiera confundido con estrellas, aunque fuéramos fugaces).
Quizá el error fue mío, que nos creí de aquellas otras, de las que siguen viéndose aunque hayan muerto años atrás.
Años, eso dicen que cumplo. E intentan que lo celebre y todo (ya ves qué tontería) como si la vida no fuera más que cumplir promesas o sueños.
Sin ti los días pasan de mí. Y yo de ellos (y me quieren hacer creer que hoy es uno especial). Qué poco saben de aquel en el cual me besaste por primera vez. Qué poco entienden de tener motivos para celebrar la vida. La mía matándose por vivirte. Por vivirnos.
No entienden nada. No saben que la frase perfecta sería: "te deseo feliz. Y cumplir años también, pero a su lado".
No entienden que el mejor regalo sería un "tú". Conmigo.

sábado, 8 de marzo de 2014

#. Se apagó la chispa. Esa chispa que un día hubiera podido hacer arder todo un mundo.

Tengo la noche vacía llena de ausencia. Y cuando digo noche me refiero a lo oscuro que se ve todo desde que no me sonríes (que ya sabes que mi luz del final del tunel eras tú cuando me besabas al principio de cada madrugada).
También tengo el suelo lleno de ropa que me he quitado yo sola y el pelo revuelto de dar vueltas en la cama por no poder dormir contigo. Y cualquiera que me viera pensaría que soy feliz. O que te he hecho. A ti, que eres la única definición de amor que conozco (más por lo que dueles que por lo que curas), pero amor al fin y al cabo.
Ya no sé cómo voy a explicarte que me está costando una vida (y siete muertes) desandar lo que nunca anduvimos. Y espero que entiendas que voy a tener que tatuarme un corazón roto en el sitio donde te gustaba morderme para que no se me olvide que un día me lo rompiste. Porque pronto solo serás un recuerdo, te lo prometo (es la única forma que encuentro de que te quedes para siempre).
Tengo más folios que hablan de ti que ganas de leer (y eso que creía que estábamos escritos el uno para el otro), pero a ver si me recuerdas en qué libro era porque en este no dejo de pasar página y sigo sin encontrarnos.
Tengo juegos de palabras sin sentido desde que no me pones encima los cinco tuyos.
Lo tengo todo, menos nada que perder porque ya te he perdido.
Todo va bien.
Y de repente ves como en un segundo, todo aquello que creías que importaba, todo aquello que amabas, cambia con simples cuatro palabras. Se desvanece. No queda nada. Duele.
(Respira)
Estos son los problemas que verdaderamente importan, esos que aparecen a una hora cualquiera de un día cualquiera y que jamás pasaron por tu imaginación. Porque nunca pensamos que nos pueda ocurrir. Pero ocurre.
(Respira)
Aún no está todo perdido.

domingo, 9 de febrero de 2014

#. Te acostumbras a tanta mierda que a la primera muestra de cariño lo confundes con amor.

Fue mi culpa, por necesitar un cuerpo para arreglar mi pasado, por suspender el examen de acceso a ti, y por mi tendencia ilógica a joderlo todo. Quiero todos esos besos que no les di a otros por ti (aunque no me lo pidieras), y todas las putas noches sin dormir. Entiéndeme, no puedo seguir colgada a ese 'ya queda menos para vernos'. Ya no. Tendré que escuchar menos cantautores, leer libros que no me recuerden a ti, y besar a otros que no son tú. Volveré a los chicos que no duelen (pero que tampoco hacen temblar), a las andadas de gata en celo, con premeditación, labios rojos, alevosía y sobretodo nocturnidad.
Soy libre, libre para ser yo. El problema de la libertad es que besa muy bien, pero cuando le pido abrazos siempre me pone excusas. Sonríe, que ya lloro yo por los dos.

lunes, 3 de febrero de 2014

#. El amor que nunca acaba, es aquel que, o bien se marcha, o nunca llega.

Ya lo sé, siempre tuvimos los días contados. Entre nosotros no podía haber nada más allá de unas sábanas, ni más profundo que tu voz. Mis ganas de patearte y comerte a besos, a la vez. Tu cartel de "peligro" en la frente. Yo voy de que busco el amor, pero es mentira. Te buscaba a ti. Te lamería entero (hasta las estrellas) para que pudieras irte con otra. Habrá más que sueñen contigo, mueran por besarte, y suspiren por verte dormir (yo podría haber escrito un libro viéndote aquella vez). Nunca como yo.

domingo, 26 de enero de 2014

#. Quiero que seas feliz. Sea lo que sea que éso signifique.

Lo prefiero así. Prefiero tarde  y mal antes que pronto y bien. Pero me da igual. Vamos, no me da igual, pero voy a insistir en que no me importa porque siempre se me ha dado bien no hacerlo bien. Y eso que no sé qué hacer cuando llega el frío. Ni qué hacer cuando es demasiado tarde para hacer la cama. Ni qué hacer cuando no hay nadie que te diga qué es lo que no puedes hacer. Ayer soñé con él y con la novia que tiene. Y me di cuenta de que es más feliz con otra en mis sueños que conmigo en sus realidades. Diría que me jode, pero no me jode. Y diría que no me importa, pero sí que me importa. Porque hay veces que eliges y otras que no. Hay veces que eliges ver cómo un amigo fuma un cigarro antes de ver besar a un chico que ha elegido dejar de besarte a ti. Y otras veces se te estropean los auriculares y tienes que escuchar cosas que nunca hubieses querido oír. No sé tú, pero yo no necesito preguntar si me quieren para saber si me quieren de verdad. Y tampoco necesito que me dejes de hablar para saber que te has olvidado de mí. Que me hubiese gustado que me quitaras la razón cuando pensaba que todo sería mejor sin ti. Ahora tengo la razón y no te tengo a ti y podría decir que así es mejor, pero no es mejor. Y ojalá que te importase, pero es que no te importa.

sábado, 25 de enero de 2014

#. Acordarme de ti en momentos difíciles.

Un cristiano diría que eres mi cruz, un artista que mi musa, un pesimista que mi vaso medio vacío, un optimista que mi vaso medio lleno, un caluroso que mi abanico, un friolero que mi manta, un alternativo que mi medio limón, un romántico que mi media naranja, un antirromántico que no eres mío, un gato que mi madrugada, un inglés que mi té, una yo que mi tú, un marinero que mi temporal, un herrero que mi cuchara de palo, una costurera que mi dedal, Sabina que mi primero, una bibliotecaria que mi orden alfabético, un meteorólogo que mi tempestad, un insomne que mi valium, un esquizofrénico que mi antipsicótico... y otro que mis alucinaciones, un anátomo que mi corazón, un padre que mi ladrón, una madre que me cuides... Yo solo digo tu nombre.

domingo, 12 de enero de 2014

#. Estar contigo es como estar en casa, pero mejor, porque estás tú.

Pronuncia mi nombre, lo pronuncia sin alteraciones de voz, sin acentos. Lo pronuncia completo, sin sufijos diminutivos o afectivos. Pronuncia mi nombre estándar. Siempre la misma fórmula: 'Adiós, Carolina'. Usa mi nombre como vocativo, y no sé si es consciente de que me eriza el vello de la nuca. Supongo que no. Pronuncia mi nombre y no quiero que me llame amor mío, ni mi reina ni nada; quiero que me llame por mi nombre completo, porque cuando lo pronuncia no necesita de adjetivos posesivos para demostrar que es enteramente suyo. Y luego me mira con ojos redondos de niño pequeño que guardan ternura de niño pequeño, que guardan inocencia de niño pequeño, que guardan dulzura de niño pequeño, que guardan... que ni sé qué guardan, pero que me pasaría la vida mirando. Deja el bolígrafo en la mesa, sonríe, echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos, e incluso así me gustan, porque toda la dulzura le moja los párpados y le cuelga de las pestañas largas y negras. Me gusta porque es entonces cuando más libremente puedo mirarle, y él puede sólo intuirlo, pero no saberlo. Y si lo sabe, igualmente me da permiso para mirarle, como si no le importase o como si incluso le gustase. Como cuando yo levanto la cabeza y me encuentro con esos ojos de niño mirándome, sonrío y él aparta la mirada casi avergonzado. Y luego recupera el bolígrafo de la mesa con esas manos que hacen huecos donde querría vivir, que cogen, que tocan, que a veces acarician con tanto amor que creo que se me va a parar el corazón. Coge un libro y lo abre, y pasa las páginas, y yo siento que me mata un poco más toda esa dulzura que no se puede soportar. Y quiero tocar esas manos y que esas manos me toquen. Que me toquen el hombro, una rodilla, mis propias manos. Que me acaricien el pelo y me rocen la mejilla. Quiero esas manos para mí.

miércoles, 1 de enero de 2014

#. Nunca me has dejado de doler.

Mi 2013 empezó buscando al chico de la sonrisa perfecta y acabó esperando que no lo encuentre nadie. Ha compartido con cinco hermanas botellas de ron para curar las heridas. Ha dormido con un chico al que no le ha hecho el amor y quiso hacerle el amor a un chico con el que aún no había dormido. Se emocionó cuando vio que su mejor amiga cumplía un sueño muy pequeño y se emocionó con el poema de un tío con un trastorno mental y se sigue emocionando cada vez que habla de su gente. Mi 2013 podría haber tenido un nombre propio, podría haber sido el principio de todo, podría haber sido el 'y a partir de entonces no necesité nada más'. A mi 2013 le hubiese encantado bajar las persianas todas las noches del año. Pero no lo consiguió. Consiguió leer más que nunca y ver más series que nunca y volver a ver las mismas películas de siempre. Mi 2013 se tatuó tres puntos suspensivos y logró olvidar que no podía olvidarle. Está orgulloso de toda la gente que está dispuesta a leerle y le acojona toda la gente que está dispuesta a leerle. Mi 2013 me ha hecho ser mejor. Ha sido feliz sólo por ver feliz a la gente que tiene cerca. Mi 2013 va a ser el primero de todos esos años que algún día diré que fueron la hostia. Y sigue manteniendo la esperanza de que alguien llame de madrugada y acaricie las sábanas que aún no se han terminado de secar por las lágrimas. 
En realidad, mi 2013 lo único que ha hecho fue buscar excusas para no echarte de menos. Y ya ves que no lo ha conseguido. Y ya ves que ahora ya le da igual.

domingo, 29 de diciembre de 2013

#. El problema es que me señalas cuando te pregunto dónde te duele.

Cuando seas mayor, me preguntaban, qué quieres ser. Yo no lo entendía. Quiero seguir siendo yo. Pero es que me has dejado un vacío de esos que te ocupan pulmón entero, y medio del otro. En el otro medio guardo el miedo. Imagínate, el miedo a perderte de haberte perdido ya. Que tiene sentido según cómo lo mires, yo ya no miro nada con la esperanza de no sentirte (otra mentira más). Ni me miro en los espejos por si encuentro cicatrices (otro día menos). 
Lo he probado todo, y nada. He probado a otros, y tampoco. No hay manera de sacarte de mi cabeza.
¿Qué quieres ser de mayor? Te volvían a preguntar. Desde luego no esto que soy sin ti.
No haber aprendido a coser es un error que reconozco con el tiempo. Que basta que dejes las heridas a curar al viento para que no corra el muy cabrón. 
De mayor quiero ser contigo, pero eso antes no lo sabía.
¿Qué quieres ser de mayor? Y dijiste: sin ella.

martes, 24 de diciembre de 2013

#. Otra vez Martes, otra vez 24.


Algunos días (y quien dice algunos dice todos) me despierto y quiero limpiarte las legañas de los ojos. Y quiero poner la cafetera al fuego y que te sientes en la mesa de la cocina. Y quiero que me mires muy despacio (si es que se puede mirar despacio) a la luz que entre por la ventana y que te rías de las marcas de las sábanas en mi mejilla. Y quiero que me pidas magdalenas y darte galletas porque las magdalenas me las comí ayer yo (ya sabes que soy una glotona). Y quiero que te rías otra vez. Y quiero, si después de desayunar has de irte, que me beses antes de salir por la puerta, o simplemente que quieras quedarte y podamos volver debajo del edredón. Y quiero allí comentarte que la eficacia de las mantas depende solamente del calor de quien esté bajo ellas.
Y quiero que entonces te rías de nuevo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

#. Creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño. Éso es amor, quien lo probó, lo sabe.

Sé que te va a sonar a tópico, pero te juro que no digo más que la verdad cuando confieso que me haces querer ser mejor persona. Me das ganas de levantarme temprano para hacer la cama y desayunar antes de ir al instituto, de no faltar a clase. Haces que ya no quiera decir mentiras, que intente irme a dormir temprano, que procure no llegar tarde a todas partes como solía. Pienso en ti y se me pasa un poco todo este odio hacia las personas y todo este enfado con el mundo, y ya no tengo tantas ganas de gritar como antes. Me animas sin saberlo a hacer cinco comidas al día, a comer fruta y verdura, a no beber café después de las siete de la tarde, a barrer debajo de la cama a menudo y a no dejar los libros tirados por el suelo. Por ti quiero aprender a cocinar y a hablar italiano, alemán, lenguaje de signos, braille o lo que se tercie.
Bien, creo que sabes a qué tipo de cosas me refiero: ya no quiero ponerle la zancadilla, ni literal ni metafóricamente a nadie, ni a los demás ni a mí misma. Gracias a ti.

viernes, 6 de diciembre de 2013

#. Matando por ti, muriendo por lo nuestro.

Viernes, 6 de Diciembre. De un año que ya no es nuestro ni lo será nunca. El tiempo vuela, pero yo sigo sin poder levantar mis pies del suelo. Tú sonríes todavía, pero mis labios ya no saben seguirte a donde sea. Porque tú tampoco quieres tenerme a tu lado. Crees que por aquí todo está bien, piensas que me he enamorado de alguien que no huele como tú y he pasado página, o más bien, quemado el maldito libro. Crees que a mí ya no me hace daño que de cuando en cuando me hables para decirme que me echas de menos, piensas que ya no me rompo en mil pedazos si me hablas de lo perfecta que es ella. Creo que jamás te he importado, pienso que sólo me buscabas cuando necesitabas que te salvara la vida una vez más. Creo que nunca me quisiste, pienso que no hiciste más que reírte de mí. ¿Sabes lo peor? Que, tal vez, los dos nos equivocamos. Que, tal vez, yo me hice tan imprescindible para ti que buscaste la manera de quitarle hierro al asunto. Que, tal vez, quieres pensar que yo ya soy feliz para no tener que reflexionar sobre si tú también lo eres con lo que has escogido. Con la que has escogido. Que, con toda seguridad, a mí me duele en el alma cada vez que oigo su nombre de tu boca y parece que es lo mejor que has saboreado nunca. Que, con toda seguridad y pese a todo, yo no voy a dejar de quererte. Nunca. Podría aprender a odiarte, sí. Pero no me perdonaría nunca tener que hacer eso con la persona que me regaló los cuatro mejores años de mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=r7tZvJan4pI

domingo, 1 de diciembre de 2013

#. Y es que, joder, somos el desastre más bonito del mundo.

Estaba pensando que escribir sobre el amor es mentira. No el amor en sí, sino escribir sobre él. Que yo puedo escribir sobre mi amor, tú sobre tu amor, él sobre su amor, nosotros sobre el nuestro, vosotros sobre el vuestro y ellos sobre el suyo. Pero nadie sobre el amor.
Creo que mi amor es un sentimiento muy contradictorio. Y no hablo de 'a veces te mataría, otras en cambio te quiero comer', sino de otra cosa. Hablo de que me resulta extraño que no todo el mundo se sienta como yo, y a la vez dudo que nunca nadie haya sentido nada parecido. Es bastante extraño.
Hay quien se enamora de quien le hace volar. Lo sé porque leo mucho, y tengo entendido que eso es lo normal. Pero él no me hace volar. Él me convence de que no podemos volar (ni nosotros ni nadie), y luego me enseña lo bonito que es caminar. Y así me enamora. Y ya está.

viernes, 22 de noviembre de 2013

#. Dime por qué luché si al final lo perdí todo.

Ya no quiere que le quiera.
Ya no quiere que le llueva para luego iluminarle con mi sonrisa cuando amanezca.
Ya no quiere que le duela para luego hacerle risas cuando menos se lo espera.
Ya no quiere que le quiera.
Ya no quiere que le empape cada noche, como si se tratara de colores de acuarela.
Ya no quiere ser mi vela, ni que mi cintura sea el mechero que le encienda.
Ya no quiere que le quiera.
Ya no quiere perderse para que más tarde sea yo la afortunada que lo encuentra.
Ya no quiere que le convierta en la estrella de mi película, ni en el protagonista de mi novela.
Ya no quiere que le quiera, pero aún no me ha explicado cómo cojones puedo dejar de quererle.

lunes, 18 de noviembre de 2013

#. Para dejar huella hay que seguir andando.

Claro que yo también quise ser princesa, y el centro de su universo, y un poema. Y que llegara tarde a algún sitio alguna vez por mi culpa. Que una mezcla de sus genes y los míos jugara a las muñecas en el salón. Que los domingos se parecieran a cualquier cosa menos a domingos. Que los eneros no tuviera que recurrir a la estufa para calentarme los pies. Yo quería un jardín y rosales, y un mar con sus olas. Y una talla más de pecho, o quizás dos, un cuerpo más erótico y una voz más femenina. Quería un montón de fotos con la sonrisa desnuda, un viaje a Grecia, un trabajo decente. Quería aquello, y eso, y lo otro, y un poco de aquí, y un poco de allá. Y a él. Sobretodo yo lo quería a él. Que mis llantos no se los tragara el desagüe, ni mi corazón se quedara sin cobertura. Y que los espejos y los hombres me dijeran la verdad sobre mi cuerpo. Quería tartas en todos mis cumpleaños, y una posdata que dijera 'te echo tanto de menos'. Y 'cariño' y 'amor' y 'pequeña', y un '¿cómo estás de tus jaquecas?', y un 'te sienta bien ese vestido'. Quería desnudarme en sus pupilas, comer helado en su espalda. Un silencio que rompiera su palabra, un hombro que durmiera mis bostezos. Que me sentara mejor aquella falda, y esa blusa, y su piel. Sobretodo su piel. Y es que aunque ahora no te lo creas, yo solamente quise ser feliz.

viernes, 15 de noviembre de 2013

#. Finjamos que lo más importante es reparar el mundo mientras seguimos hechos pedazos.

Hace poco recordé unos dibujos muy fríos y muy muertos de una página de un libro de texto de primaria. La asignatura era el antecedente de Historia, Geografía, Física y Química, antes aún que las Ciencias Sociales y las Ciencias Naturales: Conocimiento del medio (el libro de las tapas verdes). El título del tema en el que aparecían esos dibujos era "La reproducción humana". Pues bien: allí estaban las cuatro ilustraciones, dos de cada sexo, de frente y de perfil. Recuerdo de la explicación del maestro unas palabras concretas: 'Son como dos piezas que encajan, como un puzle'. Se entendía bien lo que quería decir por aquellos dibujos, pero la verdad es que yo pensaba en mí misma y no me acababa de cuadrar el tema.
Ahora, con los años, lo voy viendo algo más claro. Y, aunque sé que el maestro hablaba de un puzle que se forma un poco más abajo de la cintura, me he dado cuenta de que esas no son más que las dos últimas piezas. Dos bocas son también dos piezas de un puzle que encajan. Dos pechos reposados el uno sobre el otro son dos piezas de un puzle. Y los ombligos pegados. Y los vientres y las caderas. Y las extremadamente necesarias extremidades. Los dedos de la mano de uno enredados en el pelo del otro. La rodilla izquierda de ella entre las rodillas de él; la rodilla izquierda de él entre las rodillas de ella. Hablando cada uno a media voz tienen en sus gargantas dos piezas que al juntarse forman una voz entera. Unos labios son una pieza que besando encajan con un cuello. Y la palma de la mano es la mitad de un puzle que se completa al deslizarla por una espalda.
Así que era verdad: dos cuerpos son una infinidad de piezas que forman mil puzles al encajarse

domingo, 10 de noviembre de 2013

#. Porque si ya no estás, ya no soy.

Querida, hoy te he encontrado asomada al espejo del cuarto de baño, preguntándote cómo puede caber tanto mar en tan poca bañera, intentando recoger las flores rosas de los azulejos, peinándote la melena. Y no he podido menos que desear que si has de darte a la misantropía no sea por odio a las personas, sino por no considerar personas a la mayor parte de la gente. Que adores la soledad, pero que nunca te falte con quién compartirla. Que huyas tantas veces como te dé la gana, siempre y cuando no olvides los motivos que tienen para volver. Que tomes el Sol cuando quieras y te bañes en la Luna más todavía, y que dejes la ropa tirada en la orilla mientras tanto. Que sigas llevando vestidos de flores, incluso cuando se haya acabado la primavera. Que no le des tiempo al tiempo, porque es como colocar un espejo delante de una persona muy fea. Que nunca sientas uno de esos amores que son como grapas: que unen a las personas, pero las perforan sin remedio. Que acaricies y escribas cualquier parte de cualquier persona hasta que te duela la mano, pero nunca hasta que te duela el corazón. Que quieras de todas las formas que te sean posibles. Que leas, que digas muchas verdades, que escribas, que sientas -huelas, mires, degustes, escuches, palpes-. Que duermas sin dejar nunca de estar despierta. Que sueñes, que inventes, que vivas. Que seas inmortal durante setenta u ochenta años. Y que tardes el mismo tiempo en hartarte de vivir. Que enloquezcas cuantas veces desees, 
pero 
nunca 
desfallezcas.

#. El tiempo pasa, pesa y pisa.

Me canso de escribir tu nombre en la esquina de cada página de cada libreta que lleno de versos. 
De que tú no seas poesía.
Me canso de no mirarte dormir con los ojos cerrados, pensando que soy yo quien sueña con los ojos abiertos.
Me canso de la incertidumbre.
De no saber a qué hora me dirás que me vaya.
Ni qué harías si te pidiera que te quedases.
Me canso de tener que tragarme cada sentimiento en cada abrazo.
De medir mil veces cada verso, antes de poder recitártelo.
Me canso del miedo a dar un paso en falso y que caigamos al vacío.
O, aún peor, darlo y caer al vacío sin ti.
Me canso de no descansar sobre tu pecho, tus labios, tu hombro, tus manos... todos mis cansancios.

jueves, 24 de octubre de 2013

#. Pues me pasa que me pesa, que me pisa, que no paso, no, no paso.

Ya sé que no puedo pedirte que estés esperando en mi portal cada vez que salgo a la calle, ni que aparezcas para ahuyentar la tristeza cada vez que acecha. Sé que no puedo pedirte que sientas lo mismo que yo, que sueñes, aún antes de dormir, que tu almohada es mi pecho, y que en lugar de contar ovejas, cuentas mis latidos, ni que vibres cada vez que mi mano pasea por tu espalda, ni que encuentres mi nombre en todas las canciones, o mis manos en todos los vacíos. Sé que no puedo pedirte que te mueras de miedo a perderme o de ganas de verme, ni que te eches de menos conmigo o me eches de menos a mí. Ni que me quieras, siquiera. Pero tú, por favor, no me pidas que no llore.

viernes, 18 de octubre de 2013

#. Las mejores cosas pasan. Y el recuerdo pesa.

No he escrito nada desde que me dijo que no me quiere. Es mentira, no me lo dijo; pero me di por enterada. El caso es que no he escrito nada. Me he reído desde entonces alguna que otra vez, pero sólo con la boca, sin usar los ojos ni el corazón, así que no sé si cuenta. He estado con personas, pero no eran él, así que tampoco sé si cuenta. Algunas veces caminando por la calle me ha envuelto el olor de su colonia... pero nada. Desde entonces no he querido morirme, de verdad; sólo de tumbarme muy quieta debajo de una manta con la mejilla contra la almohada y abrir los ojos lo mínimo posible. Y de escuchar Tú me acostumbraste de Chavela Vargas en bucle. Y de llorar lo que haga falta. Hace un año y unos meses murieron Lorenza y Antonio y no sé si he estado llorando por ellos o por ti. Ayer vi una película francesa muy triste y no sé si lloraba por la película o por ti. Sin embargo, cuando lloro por ti, sé que lloro sólo por ti.
He estado algunos días con agujetas en la boca del estómago, y creo de verdad que son de llorar. Lloro de miedo a que no me vuelvas a llamar, o a que llames para decirme que es la última vez que me llamas. De miedo a que te despiertes una mañana temprano, o una noche de un sobresalto, o una tarde después de una siesta muy larga, habiendo decidido en sueños que se acabó todo esto. De miedo a que lo decidas en la vigilia. De miedo a echarte de menos ininterrumpidamente, a no verte nunca más, o a no dejar de echarte de menos ni cuando te tengo al lado porque, aún estando, no estés. De miedo incluso a que te mueras. De todos los miedos que lleva intrínseco querer.

jueves, 10 de octubre de 2013

#. Confesiones de una soñadora.

Tengo un sueño que se repite…
Estas tú, en frente de la iglesia del pueblo donde vivo. Miras dentro a través de la puerta y tu mirada es triste y está anegada de lágrimas. Pero estás tan guapo…
No puedo evitar acercarme a ti y al verte tan frágil, tan contrario a lo que aparentas ser siempre, sólo se me ocurre abrazarte y decirte que todo va a salir bien.
Y entonces la veo, sale por la puerta con un vestido de novia largo y elegante. Es ella. Está tan guapa… aunque, claro, indudablemente tú piensas lo mismo. Lo puedo ver en tu mirada. La miras exactamente como yo te miro a ti, reconozco ese sentimiento perfectamente.
La amas.
Al salir de la mano de un hombre que no eres tú no aguantas más y estallas en sollozos. Ella te mira fingiendo indiferencia pero con un ápice de culpabilidad en sus ojos. Te aguanta la mirada un instante y después continúa su camino de la mano de su marido y jamás vuelve a mirar atrás…
Yo decido acompañarte a casa. En tu estado eras capaz de cualquier cosa. Te conozco muy bien, aunque tú no lo sepas.
De camino yo no paraba de observarte a cada instante, tú únicamente mirabas al suelo pensativo. La misma idea de antes pasó por mi cabeza: quisiera abrazarte, protegerte, curarte y salvarte de todo lo que te hace daño.
Finalmente eres tú el que termina acompañándome a casa. Antes de marcharme me das un fuerte abrazo y me besas… noto como haces un esfuerzo sobrehumano por sentir por mí la mitad tan siquiera de lo que sabes que siento por ti. Te apartas y me miras.
-Sólo estoy aquí porque sé que detrás de cada caída tú siempre me esperas-dijiste.
-Lo sé-contesté-, pero no me importa, porque estás aquí y yo estaré siempre. Cada vez que te rompan el corazón, cada vez que necesites desahogarte con alguien, cuando estés lleno de rabia o muerto de celos. Yo voy a estar aquí aunque me duela… porque más me dolería aún dejar de existir para ti. Al menos una ínfima parte de lo que me toca ahora. Te quiero. Sé que tú a mí  no. Sé que me utilizas. Sé que mientes muchas veces y que tú intención no es hacerme daño, aunque no te importo demasiado. Sé todo eso y más cosas, pero, dime, si no es por ti… por protegerte y ayudarte siempre, por estar pendiente de ti e intentar entenderte… ¿para qué vivo?
Me despierto entre sollozos. Siempre conseguiste hacerme la persona más feliz y desdichada al mismo tiempo…


29/8/2013

viernes, 20 de septiembre de 2013

#. Ahora ya sé que aquellos eran buenos tiempos.

Podíamos haberlo vuelto a intentar, y haber vuelto a fracasar, y no habernos importado nada. Podíamos habernos quedado un poquito más, aunque quisiéramos irnos, mojándonos bajo la lluvia, para ver quién era el primero que lo mandaba todo a la mierda y abría el paraguas. Pero no volvimos a suceder. Y quizá sea mejor así, aunque los primeros días me quería morir y los de después también, pero ya no tanto. No tanto. Y que el tiempo lo cura todo y que tú eres una herida como otra cualquiera. Ahora lo entiendo todo mucho mejor, cariño. Y he corrido lo más rápido que he podido para venir hasta aquí y decirte que yo... que yo ya no. O que ya. Que basta. Que eras la persona más bonita del mundo, pero que ese mundo ha detonado y ahora sólo queda humo. Pero yo no fumo, ya lo sabes. Así que me tienes el umbral de estas palabras, llamando a la puerta para decirte adiós: abre. O asómate por la ventana, qué más da. Te sonrío y me voy, para que sepas que, sino enamorarme, al menos sé sobrevivir.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El error es mirar lo de ayer con los ojos de hoy, querer que las cosas vuelvan a ser igual cuando tú ya ni eres el mismo. Como si se pudieran reciclar los suspiros o dar un mismo beso por segunda vez. Los mudos no gritan, los sordos no ven la música. Con las cinco letras que se escribe tarde no puedes escribir ahora. El amor que fue... ese ya nunca vuelve.

#. Aprendí que se hace tarde demasiado pronto.

Tres meses, noventa y dos días. Aparentemente poco tiempo, pero tiempo más que suficiente para que la vida gire de forma inesperada. Tres meses, meses en los que mis ojos fueron los únicos encargados de proporcionar agua en mitad de la sequía de Agosto. Meses en los que he bailado, saltado, gritado, odiado y querido, en los que he descubierto que había vida más allá de los límites que yo misma me ponía. Un mes, treinta días donde cada día era más sorprendente e intrigante que el anterior, donde cada día era un mundo, y el mundo era único cada día. Tiempo insuficiente, pero nada indiferente, meses en los que pensaba en ti cada día al despertarme, en los que soñé contigo durante noventa y dos noches, donde recé por la inmortalidad de tus besos en un futuro no muy lejano. Meses donde reconstruí todo aquello que estaba más que roto, y en los que me bastó el tiempo que dura un beso, para tirar por la borda aquello que tanto me constó conseguir. Días en los que las decisiones se tomaban solas, en los que las opiniones de los demás cobraban vida, en los que la alegría me invadía a medida que las lagrimas desaparecían, pero días en los que notaba cómo te me escapabas. Meses en los que dejas de odiar para aprender a querer, y acabas odiando querer. Días en los que caes como la lluvia, frente a otros en los que creces como la espuma, días tontos y tonta todos los días. Sueños rotos, odio reconocido y un poco de amor sin reconocer. Fantasías que ahora descubres que se quedarán en eso, en fantasías. Calor asfixiante por dentro, pero frío al tener el corazón helado. Dolor al descubrir que nada es para siempre y alegría al sospechar que otro para siempre aparecerá. Miedo al observar que ya está ahí, y que no puedes dejarlo escapar a pesar de los gritos de los demás, miedo al pensar que quizás venga para quedarse, y miedo al imaginar que quizá se vaya por la puerta de atrás. Tres meses, noventa y dos días. Aparentemente poco tiempo, pero tiempo más que suficiente para darte cuenta de que a partir de aquí, ya nada volverá a ser como antes.

viernes, 6 de septiembre de 2013

#. Hay recuerdos que son tiritas. Y hay sonrisas que alegran una vida entera. Y hay que estar enamorado para entender lo que digo.

Ojalá todo fuera tan sencillo como pulsar el interruptor para que vuelva la luz, y no perderte aún más. Ojalá no necesitara agarrarme a estos recuerdos gastados para palpar y respirar cómo sabía tu risa. Ojalá no existieran todas las horas que no pasaste aquí conmigo. Ojalá no tuviéramos que inventar excusas, de esas que desde hace tiempo ya no se cree nadie, salvo nosotros dos. Ojalá no estuviera escribiendo esto con palabras de menos y sentimientos de más. Ojalá no fueras lo primero que veo al cerrar los ojos para dejar de pensarte. Ojalá no te hubieras convertido en lo que iba siempre detrás de mi nombre. Ojalá no hubieras dejado aquí, bien dobladitas, cinco millones de noches en las que echarte de menos. Ojalá hubiéramos aprendido a sonreír sin ninguna lengua de por medio, a mirarnos a los ojos sin que salten astillas, por ser lo único que nos dejaron las chispas que murieron primero. Ojalá no te quisiera aún como sólo se quiere a aquello que te ha agarrado en el precipicio una, dos, y hasta mil veces. Ojalá no tuvieras que verme llorar. Ojalá no rimaras tanto con octubre, con martes, con veinticuatro y hasta con azul, cuando es radioactivo. Ojalá valiera decirte que hace demasiado frío sin mis manos en tu pelo. Ojalá no reconociera tu olor en todos los lugares, menos donde yo he de dormir. Ojalá no me hubiera quedado sin voz (y sin razón) de gritarte que ya no necesitaba nada de ti, y que no volvería a hacerlo nunca. Ojalá me hubiera acostumbrado a respirar sin tus manías, sin tu mirada gamberra, sin tu voz tamborileando el lado oeste de mi vida. Ojalá me perdonaras por todo lo que nunca te dije, por los abrazos que no te di, aunque tus silencios me los pidieran. Ojalá fuera capaz de fingir esa maldita indiferencia cada vez que me rozas, como si no se hubieran quebrado todos y cada uno de los huesos que aún se dignan a sostenerme, débilmente, desde que tú no estás. Ojalá no se me escapara tu nombre cuando el cielo está gris. Ojalá no me doliera verte y no sentirte. Ojalá desapareciera cada mapa mudo que dibujé para espolvorear tus lunares. Ojalá no llevara tan adentro el tacto de tu pelo, el ángulo que forma tu cuerpo contra la pared y el tango de tus manos sobre el folio vacío. Ojalá, ojalá supiera ser sincera al decirte que todo va bien. Ojalá que no me ahogara cada vez que sueño que, por una razón que ni me importa, has vuelto, que tú también me has echado de menos, aunque jamás te di motivos para hacerlo. Ojalá no fueran nuestras todas las canciones del mundo. Ojalá no tuviera grabadas entre las clavículas tu sonrisa de las cuatro y media, y esa risa que me confesaba que no te irías a ningún sitio que no destilara mi sombra.
Pero te fuiste. Te fuiste y no puedo reprocharte nada. Te fuiste porque era más fácil volar solo que llevarme a hombros. Te fuiste y ahora ya no quieres chapotear en mis pupilas... y yo no puedo levantar la mirada, porque sé que no merecía otra cosa.
Es triste. Pero fueron nuestros pasos de baile los que nos trajeron aquí, así que aquí me quedo. Pensando que quizás, quizás, tú un día te acuerdes de mí, y quisieras saber si aún sigo girando en redondo cuando dices mi nombre. Si todavía me río cuando ganas al tres en raya en mis lunares. Pensando que quizás, quizás, verme aún aquí te haga sonreír. Y tal vez pueda compensarte, mal y tarde (como todo lo que yo hago), por todas las cosquillas, todas las tardes y todos los sueños.