¡Dejemos huella en cada pequeño corazón! :)

domingo, 29 de diciembre de 2013

#. El problema es que me señalas cuando te pregunto dónde te duele.

Cuando seas mayor, me preguntaban, qué quieres ser. Yo no lo entendía. Quiero seguir siendo yo. Pero es que me has dejado un vacío de esos que te ocupan pulmón entero, y medio del otro. En el otro medio guardo el miedo. Imagínate, el miedo a perderte de haberte perdido ya. Que tiene sentido según cómo lo mires, yo ya no miro nada con la esperanza de no sentirte (otra mentira más). Ni me miro en los espejos por si encuentro cicatrices (otro día menos). 
Lo he probado todo, y nada. He probado a otros, y tampoco. No hay manera de sacarte de mi cabeza.
¿Qué quieres ser de mayor? Te volvían a preguntar. Desde luego no esto que soy sin ti.
No haber aprendido a coser es un error que reconozco con el tiempo. Que basta que dejes las heridas a curar al viento para que no corra el muy cabrón. 
De mayor quiero ser contigo, pero eso antes no lo sabía.
¿Qué quieres ser de mayor? Y dijiste: sin ella.

martes, 24 de diciembre de 2013

#. Otra vez Martes, otra vez 24.


Algunos días (y quien dice algunos dice todos) me despierto y quiero limpiarte las legañas de los ojos. Y quiero poner la cafetera al fuego y que te sientes en la mesa de la cocina. Y quiero que me mires muy despacio (si es que se puede mirar despacio) a la luz que entre por la ventana y que te rías de las marcas de las sábanas en mi mejilla. Y quiero que me pidas magdalenas y darte galletas porque las magdalenas me las comí ayer yo (ya sabes que soy una glotona). Y quiero que te rías otra vez. Y quiero, si después de desayunar has de irte, que me beses antes de salir por la puerta, o simplemente que quieras quedarte y podamos volver debajo del edredón. Y quiero allí comentarte que la eficacia de las mantas depende solamente del calor de quien esté bajo ellas.
Y quiero que entonces te rías de nuevo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

#. Creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño. Éso es amor, quien lo probó, lo sabe.

Sé que te va a sonar a tópico, pero te juro que no digo más que la verdad cuando confieso que me haces querer ser mejor persona. Me das ganas de levantarme temprano para hacer la cama y desayunar antes de ir al instituto, de no faltar a clase. Haces que ya no quiera decir mentiras, que intente irme a dormir temprano, que procure no llegar tarde a todas partes como solía. Pienso en ti y se me pasa un poco todo este odio hacia las personas y todo este enfado con el mundo, y ya no tengo tantas ganas de gritar como antes. Me animas sin saberlo a hacer cinco comidas al día, a comer fruta y verdura, a no beber café después de las siete de la tarde, a barrer debajo de la cama a menudo y a no dejar los libros tirados por el suelo. Por ti quiero aprender a cocinar y a hablar italiano, alemán, lenguaje de signos, braille o lo que se tercie.
Bien, creo que sabes a qué tipo de cosas me refiero: ya no quiero ponerle la zancadilla, ni literal ni metafóricamente a nadie, ni a los demás ni a mí misma. Gracias a ti.

viernes, 6 de diciembre de 2013

#. Matando por ti, muriendo por lo nuestro.

Viernes, 6 de Diciembre. De un año que ya no es nuestro ni lo será nunca. El tiempo vuela, pero yo sigo sin poder levantar mis pies del suelo. Tú sonríes todavía, pero mis labios ya no saben seguirte a donde sea. Porque tú tampoco quieres tenerme a tu lado. Crees que por aquí todo está bien, piensas que me he enamorado de alguien que no huele como tú y he pasado página, o más bien, quemado el maldito libro. Crees que a mí ya no me hace daño que de cuando en cuando me hables para decirme que me echas de menos, piensas que ya no me rompo en mil pedazos si me hablas de lo perfecta que es ella. Creo que jamás te he importado, pienso que sólo me buscabas cuando necesitabas que te salvara la vida una vez más. Creo que nunca me quisiste, pienso que no hiciste más que reírte de mí. ¿Sabes lo peor? Que, tal vez, los dos nos equivocamos. Que, tal vez, yo me hice tan imprescindible para ti que buscaste la manera de quitarle hierro al asunto. Que, tal vez, quieres pensar que yo ya soy feliz para no tener que reflexionar sobre si tú también lo eres con lo que has escogido. Con la que has escogido. Que, con toda seguridad, a mí me duele en el alma cada vez que oigo su nombre de tu boca y parece que es lo mejor que has saboreado nunca. Que, con toda seguridad y pese a todo, yo no voy a dejar de quererte. Nunca. Podría aprender a odiarte, sí. Pero no me perdonaría nunca tener que hacer eso con la persona que me regaló los cuatro mejores años de mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=r7tZvJan4pI

domingo, 1 de diciembre de 2013

#. Y es que, joder, somos el desastre más bonito del mundo.

Estaba pensando que escribir sobre el amor es mentira. No el amor en sí, sino escribir sobre él. Que yo puedo escribir sobre mi amor, tú sobre tu amor, él sobre su amor, nosotros sobre el nuestro, vosotros sobre el vuestro y ellos sobre el suyo. Pero nadie sobre el amor.
Creo que mi amor es un sentimiento muy contradictorio. Y no hablo de 'a veces te mataría, otras en cambio te quiero comer', sino de otra cosa. Hablo de que me resulta extraño que no todo el mundo se sienta como yo, y a la vez dudo que nunca nadie haya sentido nada parecido. Es bastante extraño.
Hay quien se enamora de quien le hace volar. Lo sé porque leo mucho, y tengo entendido que eso es lo normal. Pero él no me hace volar. Él me convence de que no podemos volar (ni nosotros ni nadie), y luego me enseña lo bonito que es caminar. Y así me enamora. Y ya está.

viernes, 22 de noviembre de 2013

#. Dime por qué luché si al final lo perdí todo.

Ya no quiere que le quiera.
Ya no quiere que le llueva para luego iluminarle con mi sonrisa cuando amanezca.
Ya no quiere que le duela para luego hacerle risas cuando menos se lo espera.
Ya no quiere que le quiera.
Ya no quiere que le empape cada noche, como si se tratara de colores de acuarela.
Ya no quiere ser mi vela, ni que mi cintura sea el mechero que le encienda.
Ya no quiere que le quiera.
Ya no quiere perderse para que más tarde sea yo la afortunada que lo encuentra.
Ya no quiere que le convierta en la estrella de mi película, ni en el protagonista de mi novela.
Ya no quiere que le quiera, pero aún no me ha explicado cómo cojones puedo dejar de quererle.

lunes, 18 de noviembre de 2013

#. Para dejar huella hay que seguir andando.

Claro que yo también quise ser princesa, y el centro de su universo, y un poema. Y que llegara tarde a algún sitio alguna vez por mi culpa. Que una mezcla de sus genes y los míos jugara a las muñecas en el salón. Que los domingos se parecieran a cualquier cosa menos a domingos. Que los eneros no tuviera que recurrir a la estufa para calentarme los pies. Yo quería un jardín y rosales, y un mar con sus olas. Y una talla más de pecho, o quizás dos, un cuerpo más erótico y una voz más femenina. Quería un montón de fotos con la sonrisa desnuda, un viaje a Grecia, un trabajo decente. Quería aquello, y eso, y lo otro, y un poco de aquí, y un poco de allá. Y a él. Sobretodo yo lo quería a él. Que mis llantos no se los tragara el desagüe, ni mi corazón se quedara sin cobertura. Y que los espejos y los hombres me dijeran la verdad sobre mi cuerpo. Quería tartas en todos mis cumpleaños, y una posdata que dijera 'te echo tanto de menos'. Y 'cariño' y 'amor' y 'pequeña', y un '¿cómo estás de tus jaquecas?', y un 'te sienta bien ese vestido'. Quería desnudarme en sus pupilas, comer helado en su espalda. Un silencio que rompiera su palabra, un hombro que durmiera mis bostezos. Que me sentara mejor aquella falda, y esa blusa, y su piel. Sobretodo su piel. Y es que aunque ahora no te lo creas, yo solamente quise ser feliz.

viernes, 15 de noviembre de 2013

#. Finjamos que lo más importante es reparar el mundo mientras seguimos hechos pedazos.

Hace poco recordé unos dibujos muy fríos y muy muertos de una página de un libro de texto de primaria. La asignatura era el antecedente de Historia, Geografía, Física y Química, antes aún que las Ciencias Sociales y las Ciencias Naturales: Conocimiento del medio (el libro de las tapas verdes). El título del tema en el que aparecían esos dibujos era "La reproducción humana". Pues bien: allí estaban las cuatro ilustraciones, dos de cada sexo, de frente y de perfil. Recuerdo de la explicación del maestro unas palabras concretas: 'Son como dos piezas que encajan, como un puzle'. Se entendía bien lo que quería decir por aquellos dibujos, pero la verdad es que yo pensaba en mí misma y no me acababa de cuadrar el tema.
Ahora, con los años, lo voy viendo algo más claro. Y, aunque sé que el maestro hablaba de un puzle que se forma un poco más abajo de la cintura, me he dado cuenta de que esas no son más que las dos últimas piezas. Dos bocas son también dos piezas de un puzle que encajan. Dos pechos reposados el uno sobre el otro son dos piezas de un puzle. Y los ombligos pegados. Y los vientres y las caderas. Y las extremadamente necesarias extremidades. Los dedos de la mano de uno enredados en el pelo del otro. La rodilla izquierda de ella entre las rodillas de él; la rodilla izquierda de él entre las rodillas de ella. Hablando cada uno a media voz tienen en sus gargantas dos piezas que al juntarse forman una voz entera. Unos labios son una pieza que besando encajan con un cuello. Y la palma de la mano es la mitad de un puzle que se completa al deslizarla por una espalda.
Así que era verdad: dos cuerpos son una infinidad de piezas que forman mil puzles al encajarse

domingo, 10 de noviembre de 2013

#. Porque si ya no estás, ya no soy.

Querida, hoy te he encontrado asomada al espejo del cuarto de baño, preguntándote cómo puede caber tanto mar en tan poca bañera, intentando recoger las flores rosas de los azulejos, peinándote la melena. Y no he podido menos que desear que si has de darte a la misantropía no sea por odio a las personas, sino por no considerar personas a la mayor parte de la gente. Que adores la soledad, pero que nunca te falte con quién compartirla. Que huyas tantas veces como te dé la gana, siempre y cuando no olvides los motivos que tienen para volver. Que tomes el Sol cuando quieras y te bañes en la Luna más todavía, y que dejes la ropa tirada en la orilla mientras tanto. Que sigas llevando vestidos de flores, incluso cuando se haya acabado la primavera. Que no le des tiempo al tiempo, porque es como colocar un espejo delante de una persona muy fea. Que nunca sientas uno de esos amores que son como grapas: que unen a las personas, pero las perforan sin remedio. Que acaricies y escribas cualquier parte de cualquier persona hasta que te duela la mano, pero nunca hasta que te duela el corazón. Que quieras de todas las formas que te sean posibles. Que leas, que digas muchas verdades, que escribas, que sientas -huelas, mires, degustes, escuches, palpes-. Que duermas sin dejar nunca de estar despierta. Que sueñes, que inventes, que vivas. Que seas inmortal durante setenta u ochenta años. Y que tardes el mismo tiempo en hartarte de vivir. Que enloquezcas cuantas veces desees, 
pero 
nunca 
desfallezcas.

#. El tiempo pasa, pesa y pisa.

Me canso de escribir tu nombre en la esquina de cada página de cada libreta que lleno de versos. 
De que tú no seas poesía.
Me canso de no mirarte dormir con los ojos cerrados, pensando que soy yo quien sueña con los ojos abiertos.
Me canso de la incertidumbre.
De no saber a qué hora me dirás que me vaya.
Ni qué harías si te pidiera que te quedases.
Me canso de tener que tragarme cada sentimiento en cada abrazo.
De medir mil veces cada verso, antes de poder recitártelo.
Me canso del miedo a dar un paso en falso y que caigamos al vacío.
O, aún peor, darlo y caer al vacío sin ti.
Me canso de no descansar sobre tu pecho, tus labios, tu hombro, tus manos... todos mis cansancios.

jueves, 24 de octubre de 2013

#. Pues me pasa que me pesa, que me pisa, que no paso, no, no paso.

Ya sé que no puedo pedirte que estés esperando en mi portal cada vez que salgo a la calle, ni que aparezcas para ahuyentar la tristeza cada vez que acecha. Sé que no puedo pedirte que sientas lo mismo que yo, que sueñes, aún antes de dormir, que tu almohada es mi pecho, y que en lugar de contar ovejas, cuentas mis latidos, ni que vibres cada vez que mi mano pasea por tu espalda, ni que encuentres mi nombre en todas las canciones, o mis manos en todos los vacíos. Sé que no puedo pedirte que te mueras de miedo a perderme o de ganas de verme, ni que te eches de menos conmigo o me eches de menos a mí. Ni que me quieras, siquiera. Pero tú, por favor, no me pidas que no llore.

viernes, 18 de octubre de 2013

#. Las mejores cosas pasan. Y el recuerdo pesa.

No he escrito nada desde que me dijo que no me quiere. Es mentira, no me lo dijo; pero me di por enterada. El caso es que no he escrito nada. Me he reído desde entonces alguna que otra vez, pero sólo con la boca, sin usar los ojos ni el corazón, así que no sé si cuenta. He estado con personas, pero no eran él, así que tampoco sé si cuenta. Algunas veces caminando por la calle me ha envuelto el olor de su colonia... pero nada. Desde entonces no he querido morirme, de verdad; sólo de tumbarme muy quieta debajo de una manta con la mejilla contra la almohada y abrir los ojos lo mínimo posible. Y de escuchar Tú me acostumbraste de Chavela Vargas en bucle. Y de llorar lo que haga falta. Hace un año y unos meses murieron Lorenza y Antonio y no sé si he estado llorando por ellos o por ti. Ayer vi una película francesa muy triste y no sé si lloraba por la película o por ti. Sin embargo, cuando lloro por ti, sé que lloro sólo por ti.
He estado algunos días con agujetas en la boca del estómago, y creo de verdad que son de llorar. Lloro de miedo a que no me vuelvas a llamar, o a que llames para decirme que es la última vez que me llamas. De miedo a que te despiertes una mañana temprano, o una noche de un sobresalto, o una tarde después de una siesta muy larga, habiendo decidido en sueños que se acabó todo esto. De miedo a que lo decidas en la vigilia. De miedo a echarte de menos ininterrumpidamente, a no verte nunca más, o a no dejar de echarte de menos ni cuando te tengo al lado porque, aún estando, no estés. De miedo incluso a que te mueras. De todos los miedos que lleva intrínseco querer.

jueves, 10 de octubre de 2013

#. Confesiones de una soñadora.

Tengo un sueño que se repite…
Estas tú, en frente de la iglesia del pueblo donde vivo. Miras dentro a través de la puerta y tu mirada es triste y está anegada de lágrimas. Pero estás tan guapo…
No puedo evitar acercarme a ti y al verte tan frágil, tan contrario a lo que aparentas ser siempre, sólo se me ocurre abrazarte y decirte que todo va a salir bien.
Y entonces la veo, sale por la puerta con un vestido de novia largo y elegante. Es ella. Está tan guapa… aunque, claro, indudablemente tú piensas lo mismo. Lo puedo ver en tu mirada. La miras exactamente como yo te miro a ti, reconozco ese sentimiento perfectamente.
La amas.
Al salir de la mano de un hombre que no eres tú no aguantas más y estallas en sollozos. Ella te mira fingiendo indiferencia pero con un ápice de culpabilidad en sus ojos. Te aguanta la mirada un instante y después continúa su camino de la mano de su marido y jamás vuelve a mirar atrás…
Yo decido acompañarte a casa. En tu estado eras capaz de cualquier cosa. Te conozco muy bien, aunque tú no lo sepas.
De camino yo no paraba de observarte a cada instante, tú únicamente mirabas al suelo pensativo. La misma idea de antes pasó por mi cabeza: quisiera abrazarte, protegerte, curarte y salvarte de todo lo que te hace daño.
Finalmente eres tú el que termina acompañándome a casa. Antes de marcharme me das un fuerte abrazo y me besas… noto como haces un esfuerzo sobrehumano por sentir por mí la mitad tan siquiera de lo que sabes que siento por ti. Te apartas y me miras.
-Sólo estoy aquí porque sé que detrás de cada caída tú siempre me esperas-dijiste.
-Lo sé-contesté-, pero no me importa, porque estás aquí y yo estaré siempre. Cada vez que te rompan el corazón, cada vez que necesites desahogarte con alguien, cuando estés lleno de rabia o muerto de celos. Yo voy a estar aquí aunque me duela… porque más me dolería aún dejar de existir para ti. Al menos una ínfima parte de lo que me toca ahora. Te quiero. Sé que tú a mí  no. Sé que me utilizas. Sé que mientes muchas veces y que tú intención no es hacerme daño, aunque no te importo demasiado. Sé todo eso y más cosas, pero, dime, si no es por ti… por protegerte y ayudarte siempre, por estar pendiente de ti e intentar entenderte… ¿para qué vivo?
Me despierto entre sollozos. Siempre conseguiste hacerme la persona más feliz y desdichada al mismo tiempo…


29/8/2013

viernes, 20 de septiembre de 2013

#. Ahora ya sé que aquellos eran buenos tiempos.

Podíamos haberlo vuelto a intentar, y haber vuelto a fracasar, y no habernos importado nada. Podíamos habernos quedado un poquito más, aunque quisiéramos irnos, mojándonos bajo la lluvia, para ver quién era el primero que lo mandaba todo a la mierda y abría el paraguas. Pero no volvimos a suceder. Y quizá sea mejor así, aunque los primeros días me quería morir y los de después también, pero ya no tanto. No tanto. Y que el tiempo lo cura todo y que tú eres una herida como otra cualquiera. Ahora lo entiendo todo mucho mejor, cariño. Y he corrido lo más rápido que he podido para venir hasta aquí y decirte que yo... que yo ya no. O que ya. Que basta. Que eras la persona más bonita del mundo, pero que ese mundo ha detonado y ahora sólo queda humo. Pero yo no fumo, ya lo sabes. Así que me tienes el umbral de estas palabras, llamando a la puerta para decirte adiós: abre. O asómate por la ventana, qué más da. Te sonrío y me voy, para que sepas que, sino enamorarme, al menos sé sobrevivir.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El error es mirar lo de ayer con los ojos de hoy, querer que las cosas vuelvan a ser igual cuando tú ya ni eres el mismo. Como si se pudieran reciclar los suspiros o dar un mismo beso por segunda vez. Los mudos no gritan, los sordos no ven la música. Con las cinco letras que se escribe tarde no puedes escribir ahora. El amor que fue... ese ya nunca vuelve.

#. Aprendí que se hace tarde demasiado pronto.

Tres meses, noventa y dos días. Aparentemente poco tiempo, pero tiempo más que suficiente para que la vida gire de forma inesperada. Tres meses, meses en los que mis ojos fueron los únicos encargados de proporcionar agua en mitad de la sequía de Agosto. Meses en los que he bailado, saltado, gritado, odiado y querido, en los que he descubierto que había vida más allá de los límites que yo misma me ponía. Un mes, treinta días donde cada día era más sorprendente e intrigante que el anterior, donde cada día era un mundo, y el mundo era único cada día. Tiempo insuficiente, pero nada indiferente, meses en los que pensaba en ti cada día al despertarme, en los que soñé contigo durante noventa y dos noches, donde recé por la inmortalidad de tus besos en un futuro no muy lejano. Meses donde reconstruí todo aquello que estaba más que roto, y en los que me bastó el tiempo que dura un beso, para tirar por la borda aquello que tanto me constó conseguir. Días en los que las decisiones se tomaban solas, en los que las opiniones de los demás cobraban vida, en los que la alegría me invadía a medida que las lagrimas desaparecían, pero días en los que notaba cómo te me escapabas. Meses en los que dejas de odiar para aprender a querer, y acabas odiando querer. Días en los que caes como la lluvia, frente a otros en los que creces como la espuma, días tontos y tonta todos los días. Sueños rotos, odio reconocido y un poco de amor sin reconocer. Fantasías que ahora descubres que se quedarán en eso, en fantasías. Calor asfixiante por dentro, pero frío al tener el corazón helado. Dolor al descubrir que nada es para siempre y alegría al sospechar que otro para siempre aparecerá. Miedo al observar que ya está ahí, y que no puedes dejarlo escapar a pesar de los gritos de los demás, miedo al pensar que quizás venga para quedarse, y miedo al imaginar que quizá se vaya por la puerta de atrás. Tres meses, noventa y dos días. Aparentemente poco tiempo, pero tiempo más que suficiente para darte cuenta de que a partir de aquí, ya nada volverá a ser como antes.

viernes, 6 de septiembre de 2013

#. Hay recuerdos que son tiritas. Y hay sonrisas que alegran una vida entera. Y hay que estar enamorado para entender lo que digo.

Ojalá todo fuera tan sencillo como pulsar el interruptor para que vuelva la luz, y no perderte aún más. Ojalá no necesitara agarrarme a estos recuerdos gastados para palpar y respirar cómo sabía tu risa. Ojalá no existieran todas las horas que no pasaste aquí conmigo. Ojalá no tuviéramos que inventar excusas, de esas que desde hace tiempo ya no se cree nadie, salvo nosotros dos. Ojalá no estuviera escribiendo esto con palabras de menos y sentimientos de más. Ojalá no fueras lo primero que veo al cerrar los ojos para dejar de pensarte. Ojalá no te hubieras convertido en lo que iba siempre detrás de mi nombre. Ojalá no hubieras dejado aquí, bien dobladitas, cinco millones de noches en las que echarte de menos. Ojalá hubiéramos aprendido a sonreír sin ninguna lengua de por medio, a mirarnos a los ojos sin que salten astillas, por ser lo único que nos dejaron las chispas que murieron primero. Ojalá no te quisiera aún como sólo se quiere a aquello que te ha agarrado en el precipicio una, dos, y hasta mil veces. Ojalá no tuvieras que verme llorar. Ojalá no rimaras tanto con octubre, con martes, con veinticuatro y hasta con azul, cuando es radioactivo. Ojalá valiera decirte que hace demasiado frío sin mis manos en tu pelo. Ojalá no reconociera tu olor en todos los lugares, menos donde yo he de dormir. Ojalá no me hubiera quedado sin voz (y sin razón) de gritarte que ya no necesitaba nada de ti, y que no volvería a hacerlo nunca. Ojalá me hubiera acostumbrado a respirar sin tus manías, sin tu mirada gamberra, sin tu voz tamborileando el lado oeste de mi vida. Ojalá me perdonaras por todo lo que nunca te dije, por los abrazos que no te di, aunque tus silencios me los pidieran. Ojalá fuera capaz de fingir esa maldita indiferencia cada vez que me rozas, como si no se hubieran quebrado todos y cada uno de los huesos que aún se dignan a sostenerme, débilmente, desde que tú no estás. Ojalá no se me escapara tu nombre cuando el cielo está gris. Ojalá no me doliera verte y no sentirte. Ojalá desapareciera cada mapa mudo que dibujé para espolvorear tus lunares. Ojalá no llevara tan adentro el tacto de tu pelo, el ángulo que forma tu cuerpo contra la pared y el tango de tus manos sobre el folio vacío. Ojalá, ojalá supiera ser sincera al decirte que todo va bien. Ojalá que no me ahogara cada vez que sueño que, por una razón que ni me importa, has vuelto, que tú también me has echado de menos, aunque jamás te di motivos para hacerlo. Ojalá no fueran nuestras todas las canciones del mundo. Ojalá no tuviera grabadas entre las clavículas tu sonrisa de las cuatro y media, y esa risa que me confesaba que no te irías a ningún sitio que no destilara mi sombra.
Pero te fuiste. Te fuiste y no puedo reprocharte nada. Te fuiste porque era más fácil volar solo que llevarme a hombros. Te fuiste y ahora ya no quieres chapotear en mis pupilas... y yo no puedo levantar la mirada, porque sé que no merecía otra cosa.
Es triste. Pero fueron nuestros pasos de baile los que nos trajeron aquí, así que aquí me quedo. Pensando que quizás, quizás, tú un día te acuerdes de mí, y quisieras saber si aún sigo girando en redondo cuando dices mi nombre. Si todavía me río cuando ganas al tres en raya en mis lunares. Pensando que quizás, quizás, verme aún aquí te haga sonreír. Y tal vez pueda compensarte, mal y tarde (como todo lo que yo hago), por todas las cosquillas, todas las tardes y todos los sueños.

lunes, 2 de septiembre de 2013


La próxima vez que alguien me pregunte si estoy bien, le diré que estás siendo feliz con otra.

sábado, 31 de agosto de 2013


Todo lo que me queda por saber de la vida me parece poco comparado con saber que mi risa suena mejor si la provocas.

miércoles, 28 de agosto de 2013

#. Fue bonito mientras dolió.

Me odio. Me odio cuando no puedo parar de sonreír, o cuando me hablan y simplemente no escucho porque estoy completamente inmersa en mis pensamientos. Me odio cuando echo de menos ese olor que a partir de aquel día me recordará siempre a ti, o cuando paso el día en una nube ideando cosas que probablemente nunca llegarán a hacerse realidad. Me odio cuando cierro los ojos y me veo ahí contigo sentada, jugando a decirnos entre sonrisas y miradas bajas aquello que en estos momentos deseo oír. Me odio cuando echo en falta esas conversaciones eternas en las que hablábamos de todo y de nada. Me odio cuando me doy cuenta de que estoy perdiendo el control, de que otra vez me vuelvo a ilusionar con una mísera sonrisa. Me odio cuando al cerrar los ojos tardo un mísero segundo en recordarte y te echo de menos. Me odio aún más cuando me doy cuenta de que no me hace falta cerrarlos para echarte en falta. Me odio por pasarme veintitrés horas y cincuenta y cinco minutos pensando en ti, porque los cinco restantes los dedico a dormir. Me odio porque en esos cinco minutos sueño contigo. Pero si te soy sincera, l motivo real por el que me odio es por no escarmentar. Por no darme cuenta de que esta vez será como las anteriores, que entre sonrisas y suspiros me perderé, y que tardaré más de medio año en volver a sonreír.

miércoles, 7 de agosto de 2013

#. Tú siempre serás mi excepción favorita, esa regla que rompí varias veces, eso que negué, eso a lo que dije 'nunca más'...

Nunca sonaste a Pablo Milanés. Y aun así, lloro. Lloro porque sé que tú no lo haces. Y también sé que no te importa, pero quería decirte que yo ya no me volví a hacer esas trenzas. No lo hice porque no estabas tú para perderte con cara de niño por mis dedos. Y te he escrito tantas veces que se (nos) acabaron las canciones. Y te he visto en tantos abrazos que nunca pude olvidarme de buscarte, que nunca pude olvidarme de decir 'ojalá fueras tú'. Pero no te preocupes, porque si Pablito se calla, me canta Andrés Suárez para recordarme que no te quiero tanto. Es entonces cuando susurro que ojalá fueras tú el que no me quisiera tanto (pero sí lo suficiente) como para poner en la cuenta un abrazo de esos que convierte mis aurículas en la batería de la orquesta para la que bailamos. Y ya sabes que siempre quise ser lo más parecido a eso que tú querías que fueran todas, aunque no pudiera dejar de columpiarme en tu pelo, de hacerte reír como una idiota, de contarte mil veces las mismas historias, porque me aterraba que te fueras. Lo siento. No supe hacerlo mejor. A veces me pregunto si al menos sonríes si me piensas y otros días me prometo quemar todo esto que te escribo para dejar de hablar de ti, y hablar un poco conmigo. Y aquí vuelven la coca-cola y los recuerdos. Y supongo que esa es la mejor manera de recuperarme. Aunque solo sea un poco. Aunque se me inunden los labios en el intento.

martes, 6 de agosto de 2013

#. Y seguimos creyendo que las personas son lo que dicen cuando ya deberíamos saber que las personas, sobretodo, son lo que callan.

Será que alguna vez te sonreí. Y tú también me sonreíste. Y dejamos de gritarnos durante un par de constelaciones (lo suficiente para que la farola de tu calle pensara que nosotros éramos cosa de magia). Por eso te escribo una vez, y otra, y otra, y quizás otra más, aunque el vendedor de camisetas negras me pare al lado oeste de tu vida para tartamudearme: 'vuela chica de coral, siempre supiste hacerlo mejor que él'. Pero es mentira. Lo de que vuelo mejor que tú, digo. Lo de que tengo nombre si tú no me llamas, pienso. Lo de que ya no quiero querer no quererte, lloro. Por eso te escribo. Porque se te llenó la coca-cola de versos el día que me miraste a los ojos sin saber que yo era whisky barato. Y quizá tengas miedo los días impares, y te acuerdes de mí martes, jueves y sábado. Y tal vez el próximo octubre ya no te escriba, y yo me olvide de llorar todos los veinticuatros. Pero te escribiré. Te escribiré hasta que se te diluyan las sinalefas y las metáforas, hasta que no sepa cómo trepaban tus labios a mis mejillas, hasta que no duela no verte, hasta que dejes de oler a arte. Y quizás aún te escriba después, cuando rimemos menos que nada, porque sólo Neruda aprendió qué versos saben a últimos. Y yo soy una triste cantante de cuartas, a la que se le desafinan las vocales (y las consonantes y los diptongos) si a ti te lloran los verbos.

martes, 30 de julio de 2013

#. La preocupación por saber que los problemas del corazón sólo los tienes en la cabeza.


Recuerdo que cuando dijiste 'adiós' me eché a reír, y aún seguía haciéndolo cuando diste aquel portazo, que sonó como si me disparases, y créeme cuando te digo que, de alguna forma, dolió como si realmente lo hubieses hecho. Adiós, dijiste: ingenuo. Aún te preguntarás por qué me reía, claro, nunca tuve tiempo para explicártelo. Para explicarte que nunca nos fuimos del todo, que nunca fue tan fácil, que nos quedamos durante mucho más tiempo después de que nos fuéramos. Después de que aquello dejase de merecer la pena. Lo nuestro, digo. Nos quedamos recogiendo los escombros, barriendo el polvo debajo de la misma cama donde, noche tras noche, cada cual en la suya, dormíamos con la sensación de que nos habían extirpado la mitad de algo. La mitad de qué, no sabría responderte. Pero nos faltaba algo. Nos faltábamos, y qué gran carencia sentimental de repente, joder. Nunca he sabido superar las cosas antes de que sea demasiado tarde, ya lo sabes, yo siempre he sido de esos que aprenden a nadar cuando ya están lo suficientemente hundidos como para no poder volver a la superficie a tiempo. Y se ahogan. Es una forma de vivir, ¿sabes?: morir por alguien. Pero algún día tendré que superar el hecho de que no me matases del todo. Ojalá nunca llegues a entenderlo, cariño. Ojalá.

#. Sin amor todos los besos son el mismo.

Y es que no nos enteramos de que hay te quieros por los que asaltar reinos, y miradas por las que asaltar camas en las que no vas a volver a dormir. Hay tantas formas de querer como intentos obsesos por entender que la libertad no es la ausencia de cadenas, sino la facultad de poder elegir si las quieres. Y luego dirán que hablamos de amor por encima de nuestras posibilidades; y serán los mismos que critican que consumimos besos de más cuando los repartimos en varias bocas, y besos de menos cuando sólo queremos unos labios. Y es que el amor, está mal visto sobre todo por aquellos a los que les falta.

viernes, 26 de julio de 2013

¿Alguna vez os habéis quedado dormidos esperando a alguien o ni idea del amor?

martes, 16 de julio de 2013

#. Que prefiero esperarte aunque ya nunca vuelvas, a esperar mi regreso sin llevarte conmigo.

Y, a decir verdad, tampoco entiendo ni un ápice del resto de cosas que solían formar parte de mi vida. No comprendo cómo puede parecer que ni te importar perder lo que tuvimos, no encuentro la razón para que yo misma esté dispuesta a arrastrarme de esa manera. No veo nada que me pueda sacar de esto, nada que me haga pensar: venga, vas a estar bien. Y si ni yo mismo creo en mí misma, dime tú quién lo va a hacer. Así va todo últimamente, a cuatro universos y medio de tus lunares. ¿Qué esperabas? Sólo fui fuerte a tu lado. Dios, ¿recuerdas esa sensación? Yo te decía algo, tú te reías e intentabas mirar a otro lado para ocultar esa sonrisa que se mantenía sin razón aparente en tus labios. Algunos la calificarían de una sonrisa tonta. Pero creo que de eso ya sabes tú mucho al estar con ella. Aun así, quizá es el recuerdo que más me hace llorar. Vaya tontería, ¿verdad? Si a ti nunca te importó una mierda. Si a ti nunca te importé una mierda.

miércoles, 10 de julio de 2013

#. Si pertenece a tu vida, te encontrará y se quedará contigo. Pase lo que pase.

Que lo que quiero es contarte una de esas veces que me hablas y me cuentas lo bien que te va con ella mientras pienso en todo lo que he sido sin ti. Aunque quizá "todo" sea la palabra equivocada. Más bien sería lo poco que se han alejado mis pensamientos de tu pelo. Ser capaz de decirte que te echo de menos tres o cuatro veces por segundo, dependiendo de cuántos chicos de negro pasen junto a mí. Y que me gustaría que nuestras conversaciones duraran horas y horas como solían, poder contar con el factor sorpresa de acariciarte la cara cuando todo se hundía para ti. No tener que decidir si morirme de rabia o matarme de celos al imaginarte a su lado. Gritarte que me niego a perderte, al menos esa mínima parte que me toca ahora; seguir oyendo tu voz, seguir oyendo tu voz, seguir oyendo tu voz... Saber, al igual que siempre, lo que responderías, cómo se moverían tus manos en ese preciso momento. Confiar en que estas ganas que tienes de hablar conmigo no acaben nunca, por mucho daño que me haga su nombre en tus labios. Y volver a creer que no eres perfecto; pero que firmo cada uno de tus defectos, insufribles en ocasiones, por una eternidad a tu lado. Decirte que mi risa ya no quiere dejarse oír si no es contigo, confesar que me acuerdo de tus ojos más de lo que pudiera considerar sano. Pero que no me importa, que te sigo queriendo a morir; como aquel día prometí. Y voy a estar aquí siempre, aceptando todo lo que éso conlleve. Y quizá sean estas palabras las que he dicho de forma más seria y sincera en toda mi vida. O quizás sea eso de que jamás te olvidaría.

sábado, 6 de julio de 2013

#. Tan solo abrázame, que las palabras no son necesarias.

Eh, tú, pequeño. Si vuelves a sonreírme así me veré en la obligación de bajarte la luna, y tú ya tienes el garaje ocupado con el fondo de armario de otra mujer. Si vuelves a mirarme como si yo tuviera la culpa de que afuera esté lloviendo, me convenceré a mí misma de que a veces me rehuyes para no darte cuenta de lo que sientes por mí. Si vuelves a fruncir los labios en ese intento de sonrisa, voy a tener que abrazarte y quizá no te suelte nunca. Si vuelves a hacer como que no me escuchas, te daré tu medicina hasta que seas tú quien me eche de menos. Si vuelves a decir mi nombre como si te fuera la vida en ello, no me conformaré con otra cosa que no sea formar parte de tu vida. Si vuelves a llamarme tonta, me creeré aquello de: los amores reñidos son los más queridos. Si vuelves a sentarte a cinco centímetros de mí, discúlpame, pero caeré en la tentación de apoyar mi cabeza sobre tu pecho. Si vuelves a picarme por cualquier tontería, sólo porque te diviertes así, voy a darte cancha, voy a jugar a tu juego. Si vuelves a rozarme con tu brazo, me arrimaré más a ti para aspirar el máximo tiempo posible tu olor. Si alguna vez te decides a quererme, yo estaré aquí esperando.

Te quiero, mamá.

Tiende la ropa.
Se aparta un mechón de pelo que le cae sobre la cara.
Que me perdone la primavera, pero ella sí que es bonita.

miércoles, 3 de julio de 2013

#. Ni tú te cansas de utilizarme ni yo me canso de darte oportunidades.

Yo te perdí. Tú me perdiste. Nosotros nos perdimos. Y ya no hay vuelta atrás. Ya no tendremos más batallas campales, ya no existirá esa chispa entre nuestras peleas, cuando ambos sabíamos que solo seguíamos discutiendo por el placer de retarnos. Ya no habrá más manos tuyas en mi pelo, no volveré a levantarte el ánimo y la cara cuando todo vaya mal. Ya no me contarás esas historias que no le interesaban a nadie más que a mí, no tendrás esa necesidad de hablarme cada veinte minutos únicamente porque te aburrías. Nunca, nunca, nunca más (y te prometo que me mata) volveré a provocar una de esas sonrisas de los viernes por la noche, no seré la primera a la que le cuentes las cosas. Me sustituirás, aunque tal vez ya lo hayas hecho. No veré más tu letra escrita por mi piel ni por mis hojas, ya no sonreiré al sentir tu olor. No volveré a acariciarte el pelo durante horas como soñaba, no archivaré más recuerdos en este corazón destemplado. Supongo que con el tiempo olvidaré la posición estratégica de tus lunares, perderé la costumbre de caminar según la cadencia de tus pasos. Dejaré de recordar todas y cada una de tus frases, los diferentes tonos de tu voz, tus puñeteros gestos y todas tus manías, y hasta la posición de tus manos. Y lo más importante: no volverás a fallarme, porque yo ya no estaré allí para verlo. No me harás sentir bajo tierra esos días que se te antoje ignorarme, ya no volveré a notar que, en realidad, lo que me preocupe a mí te trae sin cuidado. No caeré de nuevo en tu juego, no me utilizarás otra vez. No volveré a defenderte cuando la última persona haya dejado de creer en ti. No volverás a mentirme, no volverás a subestimarme, no harás que me sienta menos que ellas. No volveré a despeñarme en la montaña rusa de mi humor de perros, solo porque tú me hables de ella. No volverá a romperme el corazón ver la sonrisa en tus ojos si la nombras. Y es que tengo que aprender a ser... sin ti.

martes, 2 de julio de 2013

#. ¿Esperas que lo olvide? Jamás olvido las palabras. Y menos si vienen de ti.

Mierda. Tu mirada puso otra vez en marcha mi cabeza, que había dejado de pensar en ti por completo. Había aparcado ya tu imagen de carita de bueno y sonrisa de malo viniendo hacia mí. Había castigado en un rincón el sonido de tu voz, tu número de teléfono y la maldita manera que tienes de sonreírme. Había escondido debajo de la cama cada mote, cada tema de conversación, cada vez que te había querido decir que estaba enamorada de ti. Había metido en el fondo de un cajón los recuerdos de los que me avergonzaba por haber sido tan estúpida al pensar que me querías. Pero no sirve de nada y tú mismo te encargaste de demostrármelo. Que no importa lo feliz que me pueda sentir a tu lado, siempre acabo creyendo que me va a mirar como lo hacías tú, que me va a abrazar de la misma manera, que el brillo en sus ojos será el mismo. Entonces, con un ramalazo de dolor me doy cuenta de que no, que hay muchos ojos marrones, pero que esa mirada es inigualable, que sólo en tus brazos me siento segura y que esa chispa no es la misma. Y que me está matando pensar que, justo ahora, ella estará ahí contigo, que te estará haciendo feliz y no, no lo entiendo. No entiendo por qué tienes que llegar una y otra vez en el momento preciso para partirme los esquemas, por qué no puedes dejar que siga con mi vida, por qué has tenido que hablarme en el momento más oportuno e inoportuno al mismo tiempo, justo cuando ya estaba decidida a pulsar el botón de off de tu canal en mi cabeza. Que ya no sé si lo que quieres es recuperarme aunque sea como amiga o simplemente querías volver a sentir lo que era jugar con tu capricho.

martes, 25 de junio de 2013

#. A veces me miraba brevemente y sonreía. Yo le observaba de reojo y me daba cuenta de que solo con mirarle se me hacía menos difícil creer que tal vez quedaba algo bueno y decente en este mundo.

Miro esa foto. La primera de muchas otras que vendrán y me harán pedazos y pienso: Dios, qué guapo está. Qué bien le queda esa camiseta, la misma que llevaba cuando dejé pasar mi oportunidad. Joder, ¿por qué está ella a su lado y yo no? Me está matando el pensar en lo tonta que fui, cómo pude pensar que él podía sentir algo por mí, que nunca estoy a la altura de nada. Me está matando el no haber echado a correr cuando te ibas, mandando a la mierda todos mis miedos. Me está matando tener la certeza de que aunque hubiera ido todo esto hubiera pasado igual. Me estás matando tú, y eso es algo que nunca supiste. Porque yo siempre me escondía detrás de una armadura de indirectas y cosas dichas en broma que siempre fueron en serio. Para evitar sufrir, para evitar que me hicieras daño... y mírame ahora.

jueves, 20 de junio de 2013

#. Me hiciste amarte antes de poder negarme.

Te quise desde la primera vez que dijiste mi nombre y fui capaz de creer que yo valía la pena. Supe que tenías que ser tú el que me hiciera llorar todos los martes de silencios y me mataras a cosquillas las tardes de los viernes. Que si había que apostar absolutamente todo lo que me quedaba por alguien, esa persona debías ser tú. Y es que tu mirada era lo más parecido a la magia que había visto nunca. Y es que un día me prometí que me colgaría de tu sonrisa para vivir siempre contigo. A pesar de que todo eso conlleve amoldarme a tus brazosal remolino de tu pelo. Acostumbrarme a que me hicieras feliz con cada detalle, volverme frágil si no me acariciaba tu voz, olvidar cómo conciliar el sueño sin el eco de tu risa en mi cabeza. Pero hoy quiero decirte algo que mis labios jamás lograron articular. Confesarte esto que me desborda las pupilas, reunir el valor necesario para que sepas que yo, yo... volvería a elegirte. Una y mil veces, tantas como las noches en las que me prometí que ya nunca serías el único capaz de salvarme. Contarte, por ejemplo, que no se me ocurre ningún plan más perfecto que ganarte al tres en raya entre tus lunares. Que nadie ha vuelto a repetir mi nombre miles de veces tan solo porque le encantaba saborear todas las sílabas. Que todavía sigo esperando que dibujes en mi brazo un te quiero cada viernes a las cuatro. Y que no voy a dejar de esperarlo (ni de esperarte) nunca, por mucho daño que me haga su nombre en tus labios. Que nunca dejaré de llorar al sentir que mi voz se ha vuelto para ti tan fría, tan extraña, tan ajena y distante como un millón de astillas. Si alguna vez te das de bruces contra esto, como quien se encuentra a un viejo amigo, solo te pido que trates bien a mis letras. Y que me imagines regalándote las ocho palabras que nunca tuve la valentía de decir: 'te quiero; como ayer, como antes, como siempre'.

viernes, 14 de junio de 2013

Gracias.

"En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta. En un reino mágico, donde las cosas no tangibles se vuelven concretas. Había una vez un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente. 
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente, y más rápidamente aún, salió del agua. Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró. Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza. Y así vestida de tristeza, la furia se fue. 
Muy calma y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza."

#. Es mejor sentir dolor que no sentir nada.

Se terminó como se termina un sueño al sonar el despertador. Se cerró como se cierra una puerta con la fuerza del viento. Se murió como se mueren las gotas de agua al llegar al mar. Se ahogó como se ahoga un pez fuera del agua. Se apagó como se apagan las luces de la calle al amanecer. Se abandonó como se abandona el miedo a perderlo todo. Se fundió como se funde una vela después de tanto arder. Se olvidó como se olvida un momento insignificante. Se agotó como se agota el vino de una botella. Se rompió como se rompe un corazón inmaduro. Se separó como se separan dos palillos chinos. Se estropeó como se estropea un dibujo d acuarela bajo la lluvia. Se estancó como se estanca la rueda de un mono-volumen en la orilla embarrada de una laguna. Se quemó como se quema una hoja bajo una lupa a pleno sol. Se secó como se secan los campos en un año sin lluvia. Se consumió como se consume algo que se usa en exceso. Se extinguió como se extinguieron los dinosaurios. Se acabó como se acaba toda historia que nunca empezó.

domingo, 9 de junio de 2013

#. La persona que te merece es la que piensa que no.

Supongo que es normal cambiar nuestra opinión sobre las personas, las cosas, las situaciones. Supongo que es normal dar segundas oportunidades, y terceras. Es más, estoy segura de que esas dos suposiciones son el motor de la vida. Qué sería sino de nosotros a partir del momento en el que cometemos un error, o cómo sería nuestra relación con los demás. Acabaríamos muertos del asco si siempre reaccionáramos igual. 
Sí, es necesario cambiar. Cambiar lo que sentimos, lo que pensamos. Cambiar nuestros deseos, cambiar la forma de comportarnos, de vestirnos. Cambiar el modo de volver a encontrar una sonrisa, cambiar... cambiar... cambiar... es necesario
Por eso, por esto, a partir de este momento he cambiado mi modo de ver las cosas desde un punto de vista mayoritariamente pesimista, he cambiado los colores tristes del invierno por el amarillo chillón de Junio, he cambiado mis miedos existenciales por meras sonrisas. Sí, he cambiado porque sino la vida resulta tremendamente aburrida

miércoles, 5 de junio de 2013

#. Y aún cuando no pienso en él, inconscientemente siento esta presión en el pecho gritándome que me hace falta.


Que no. Que no hay manera. Que no hay un solo día que pase sin que un recuerdo me lleve a ti. Que si no me da por saber la tontería de turno que dirías en tal momento, alguien imita nuestras peleas, esas de cuando nos queríamos tanto. Y luego están esas otras mañanas en las que vuelvo a gritarte, tan solo para no perder la costumbre ni la cabeza. O para palpar como suena de nuevo un: venga, tranquilízate. Y poder tranquilizarme. O como aquel feliz momento (que ahora se encuentra tan lejos) en el que no parabas de decirme, con esa sonrisa que no debería ser legal, que si ya estábamos así otra vez, tomándotelo a broma, como siempre conseguiste que hiciera yo con mis problemas. Y es que es demasiado triste. Pensar que nunca, nunca más vas a llamarme sólo porque te gusta como suena mi nombre, que nunca más vas a tener la necesidad de pincharme para ver cómo me hago la ofendida. Y quizá lo que más me entristece de todo es pensar que esa risa que tantas veces sonó como tono de llamada es únicamente un recuerdo desde aquel día en el que te dejé marchar como si no me fuera la vida en ello. Y lo peor de los recuerdos es que no vuelven. Jamás. Así que supongo que debería haberlo sabido. Así que supongo que no debería estar llorando ahora mismo. Así que supongo que no debería haberte querido tanto. Así que supongo que lo que debería haber hecho esa tarde es guardar los trocitos de este corazón roto y enviarlos a uno de esos lugares que dijiste que no visitarías en la vida, cuando creíamos que el mundo podía ser nuestro. Para que no te molesten a ti al verlos, ni me mate a mí sentir cómo se rebelan, cómo se niegan a aceptar la realidad cuando te oyen sonreír.

jueves, 30 de mayo de 2013

#. No habrá nadie después de mí, yo soy un siempre.

¿Sabes eso, lo de que nunca voy a dejar de quererte? Nunca, por mucho tiempo que pase, perderé tu recuerdo. Porque ahora somos esto, ¿no? Recuerdos... Que yo por recordar, recuerdo la primera vez que me miraste a los ojos, la primera vez que dijiste mi nombre en voz alta.
Estamos hechos de recuerdos. Días enteros a tu lado, preguntándome por qué no podías ver esa luz en mí, emborrachándome con tu olor, teniendo como resultado esta monumental y eterna resaca. Déjame que les diga a todas aquellas por las que pierdes la cabeza últimamente, que aprovechen al máximo el tiempo que tengáis juntos, porque cuando tú te vayas solo le quedarán los recuerdos. 
Y cerrar cada noche los ojos, contigo en la mente y emplear todas mis fuerzas en soñar contigo, hacer realidad de nuevo lo que nunca sucederá. Tus manos en mi pelo, tus sonrisas como esos carteles de neón. Tu maldita mirada, la estratégica posición de tus lunares. Y sé que sería inútil pedirte que vuelvas, rascar los últimos momentos a algo que no existe, y que nunca existió. Por eso, solo pido no volver a enamorarme de alguien como lo hice contigo, no ser de nuevo tan dependiente de una persona. Por alguna parte he leído: no dejes que nadie sea tu todo porque cuando ya no esté no tendrás nada. Y eso es lo que me queda a mí: nada. Nada... y recuerdos.