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domingo, 5 de junio de 2011

#. La vida dura un momento, el tiempo toda la vida.

Hay ciertos momentos en la vida en los que hay que saltar, sin mirar la altura desde la que vas a caer. Determinados instantes que cambian el curso de las cosas, que hacen que todo dé un giro de 180º. Decir aquellas palabras a las que llevas meses dándole vueltas o perderle para siempre. Robarle un beso que le quede sin palabras o permitir que se vaya pensando que nunca lo quisiste. Marcar su número tragándote tu vergüenza & tu orgullo o dejar que lo único que de verdad merece la pena en tu vida no regrese. & todo es cosa de unos segundos: el tiempo que tardas en gritar un te quiero, el tiempo que transcurre hasta que logras reunir el valor suficiente, el tiempo que pasa hasta oír su voz. Después de esa angustiosa fracción de segundo, ya no puedes volver atrás. Por tu parte ya está todo hecho, lo que ocurra ahora ya no es cosa tuya. Depende de él. Pero ¿sabes qué? Yo ya me equivoqué una vez, dejé pasar una oportunidad que no sé siquiera si se volverá a presentar alguna vez. & puedo asegurarte que por dura que sea la caída, serás capaz de levantarte & ese capítulo de tu vida estará cerrado; volverás a ilusionarte, seguirás adelante. No como en mi caso. En estos momentos mi vida es una llamada en espera. Todo por no haber echado fuera de mí esas palabras, por no haberle besado, por no haberle llamado cuando aún estaba a tiempo. Muchas veces, es mejor encontrarse de bruces contra la realidad que seguir anclada en unos ojos cuando hace tiempo que éstos han dejado de mirar en tu dirección.

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